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Entrevista:

ÁNGEL PETISME POETA Y CANTANTE "La poesía es nuestro cordón umbilical con la tierra y el cielo"

Gente como Martínez de Pisón o Carlos Edmundo de Ory, tan poco sospechosa de regalar piropos, han elogiado encendidamente su obra. El maño Ángel Petisme, el penúltimo mohicano de la poesía experimental, guitarra en bandolera, es uno de esos creadores que vuelve locos a los críticos a la hora de dejarse meter en un cajón, la suya es poesía de letra y música que sabe a presente sin dejar de beber de los maestros. Su último discolibro, Cierzo (El Europeo) es un canto a las libertades con un acento personal. Pregunta. ¿Qué fue antes, poeta o músico? Respuesta. La poesía comenzó cantada, pero en mi caso empecé a escribir a los 12 años, todo tipo de cosas, sonetos, endechas... y se las dedicaba a Venecia o a la Virgen del Pilar. Con la primera beca que me dieron, mis padres me compraron una guitarra y empecé a componer. Pero no grabé mi primer disco hasta tener dos libros publicados. Debuté en 1983 en la plaza de toros de Zaragoza, y de ahí a Madrid, donde hice buenos amigos en el rock, como los Radio Futura. P. Está de moda decir que la mejor poesía de los últimos años es la cantada. R. La poesía cantada ha sido en cierto modo el proyector. Los cantautores han sido las caracolas de ese mar que estaba dormido, pero que oyes cuando pegas la oreja: Serrat, Paco Ibáñez. En América o Inglaterra sucede lo mismo. Muchos cantantes no escribirían tan bien si no hubieran comenzado por recopilar textos. Me gusta diferenciar mi carrera como poeta y como músico. La poesía es la huerfanita, pero también ese necesario contacto umbilical con la tierra y el cielo. No hablo sólo de la escrita, sino también la cinematográfica, la plástica, la musical... La gente está necesitada de emociones, pero le da más por el chotis, la tuna y el bakalao. P. Un artículo como el discolibro, que ayer era casi de lujo, parece vivir ahora un buen momento, ¿no? R. Ahí está la colección de El Europeo. Hasta en mi tierra, Aragón, acaba de fundarse una colección de discolibros y mi amigo Gabriel Sopeña acaba de sacar uno de poetisas hispanoamericanas. Yo he colaborado en una edición catalana de homenaje a Jackson Brown, junto a Kiko Veneno, Aute, María del Mar Bonet, Loquillo..., el del discolibro es un formato artesanal, donde nos juntamos gente con otras inquietudes. P. ¿Responde este auge a una voluntad de reafirmar el matrimonio entre literatura y música? R. Más bien es un producto al margen de la industria, de las radiofórmulas, un campo copado por los superventas. Pero estas colecciones se venden maravillosamente. Artistas como Martirio se han ido ahí porque quizá se sentían más a gusto. Luis Pastor ha repetido... y yo quiero seguir en eso. Estoy preparando canciones nuevas para un próximo disco, y, por otro lado, trabajo en un libro de homenaje a Buñuel, cuyo centenario se celebrará en el año 2000.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de enero de 1999