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FÚTBOL 16ª JORNADA DE LIGA

Cuatro goles como si tal cosa

El Real Madrid, se da un respiro goleador en el Bemabéu ante un anémico Tenerife

En tarde goleadora, el Madrid cobró su cuota. Fueron cuatro goles al Tenerife sin aparente esfuerzo, como si tal cosa, fabricados como quien tramita un expediente. El partido lo pareció a la vista de que, según transcurría el tiempo, se hacía inverosímil la posibilidad de un gol visitante. El Tenerife estaba roto y así lo entendió el Madrid que, para mayor comodidad, abrió el marcador al tercer minuto. Fue bien entrada la segunda parte, cuando vislumbró la posibilidad de regalarse el nuevo año con una goleada. Atendió a ese capricho con algo más de entusiasmo, pero sin hacer de todo ello una fiesta. Así son las cosas en este equipo: mete cuatro goles y no parece que se hunda el mundo.Está claro que la interrupción navideña no ha alterado la relación de estos jugadores con el gol. En cualquier momento, sin mediar apenas diálogo, el Madrid fabrica un tanto. No hay estrategia ni método en su forma de elaboración. Nacen por generación espontánea, diríase que por ciencia infusa, sin necesitar de condiciones especiales. Surge la chispa, alguien se mueve, entran en contacto con no más de un par de jugadores (o en inspiración según se mire), llega el balón al área y, donde otros necesitan tiempo y distancia, o un método ensayado en horas de entrenamiento, el Madrid hace un gol como si tal cosa. Tiene una explicación patrimonial, con algún componente estadístico: todos los jugadores saben hacerlo. Todos tienen gol. Mejor dicho, dicen que todos menos Redondo y el portero, pero ya es bastante para los tiempos que corren. Así pasó en el minuto tres: la dejó pasar Suker, falló Roberto Carlos, pero entró en acción Raúl. Pasó en el minuto tres como podía haber pasado a la media hora.

Con el gol a favor y con ese favor por el gol, el Madrid puso cara de no permitirse más despistes. No es que cambiara la faz del equipo, defensiva y colectivamente hablando. Es que se les vio algo más activos, más atentos, con Roberto Carlos en medio campo y Jarni a su espalda, ejerciendo de tercer central para dar que hablar sobre un esquema que muda de una semana a otra, ése de los tres centrales. Sin embargo, no era el día para sacar conclusiones. Bastaba ver lo que hacía el Tenerife para darse cuenta de que el riesgo era muy limitado: todo lo más un remate a bocajarro de Emerson que rechazó IlIgner con la rodilla.

El Tenerife es un equipo tocado. Está tremendamente desorientado o así lo pareció ayer en el Bernabéu. Vive una fase de indefinición que el nuevo técnico deberá solventar en poco tiempo. Se nota hasta en jugadores que saben tocarla. Tocar la tocan, pero no saben darle sentido a la pelota. Se adivina que buscan a Juanele, que intentan alguna combinación, pero en un ambiente tran entristecido, tan lento e impreciso, que sin una reacción urgente les puede llevar a un final de temporada dramático. El Tenerife apareció ayer con cara de perdedor sobre el césped. No dio un mal pelotazo, pero tampoco lo dio bueno. Llevaba la goleada en el rostro. Es un equipo anémico, sin espíritu y sin sentido de su juego. Al menos, deberían darse cuenta de que están a media temporada de bajar a Segunda.

Y el Madrid no hizo sangre de ello (no toda la sangre que podía haber hecho, entiéndase bien, que la tarde iba de goles a media docena por barba), porque en el Bernabéu no acaba de sentirse cómodo.A pesar de la goleada final, el público llegó a mostrar su disgusto mediada la primera parte. El público pide regularidad, pero debería entender que este equipo está hecho a impulsos y juega a impulsos, que forma parte de su personalidad, una idiosincrasia que se impone a tácticas y entrenadores: es un equipo que se autoregula, se autoprograrna y se autoestimula. Y este año, después de la séptima y la Intercontinental, se han propuesto la octava, para la que restan cinco partidos, un trayecto más liviano que las 23 jomadas de Liga que les faltan.

Así, se entiende que, de pronto, Seedorf está activo, corre, llega al área, quiere el mando del centro del campo para sí, se come el terreno. Y, de pronto, no está, pero no estando le envía un pase franco a Savio, un pase que vale un gol. O Guti decide jugar como Redondo y lo hace tan bien que hasta parece Redondo, se mueve como Redondo, se escora como Redondo... y ya no es Guti. Así son las cosas en el Madrid: centra Panucci, aparece Raúl y marca de cabeza. El cuarto gol. Como si tal cosa. Parece fácil, pero no lo debe ser tanto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de enero de 1999