Acento sureño
Kiko Veneno. Sala 4. Valencia, 21 de diciembre de 1998.Sabor a Jack Daniel"s y manzanilla. ¿Es posible conseguir tal mezcla? Posible, sí. Fácil, no. Para lograrlo hace falta una larga fermentación, tan larga como la trayectoria de Kiko Veneno, de manera que los sabores se decanten poco a poco, con la ayuda del talento y el tiempo. Al autor de Volando voy le sobra repertorio y ahora ha llegado el momento de vestirlo como le plazca y acentuarlo como mejor le acomode. Lo que escuchamos el lunes por la noche tenía acento sureño. Era rock surcado de country y blues con aromas de copla hecho a conciencia. Con dos guitarras, una acústica y otra eléctrica, dotadas de mucha energía pero sin caer en excesos, en primera fila, en un diálofo vivaz entre ellas y la voz cantante. Un bajo solvente y, sobre todo, la batería del valenciano Rafa Montañana, detrás, manteniendo el pulso y dando corporeidad al asunto. Y, al frente, pero sin imponerse, Kiko Veneno cantando con sorna y moldeando frases que dan a la vida cotidiana y sus personajes un tono surrealista. Así es como los Allman Brothers y la copla van de la mano si eso ha sido alguna vez posible. Latino a más no poder y rockero de pura cepa, Kiko Veneno prescinde de etiquetas y disfruta su último renacimiento, captando nuevos aficionados que a lo mejor sólo lo conocen de cuando Lobo López o Superhéroes de barrio, canciones que sonaron en su nuevo envoltorio al lado de otras más añejas que conservan el mismo brillo y frescura que hace veinte años.


























































