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La reina de los bulliciosos

Hasta ahora sólo eran famosos por las bullangueras verbenas que se corren en Fallas. Con sus fiestas de sevillanas, sus guerras de merengues y la formidable densidad de cuerpos humanos apretujados saltando al ritmo de El caballo camina palante, el caballo camina patrás. Pero desde ayer, la Falla La Bicicleta -oficialmente Menéndez Pelayo-Avenida Cataluña- saca pecho porque una de sus festeras, Sandra Bonet, es la nueva fallera mayor de Valencia. ¿Cómo van a celebrarlo? Con un derroche de decibelios que amenaza con provocar una epidemia de insomnio entre las avenidas de Cataluña y Blasco Ibáñez. "Empalmaremos la verbena con el amanecer y montaremos unas despertaes que serán la leche", advertía anoche el secretario de la falla, Ricardo Sanchís, El Reincidente, mientras llenaba copas de champán en casa de la fallera mayor. Ricardo se ha ganado el apodo porque sus hijas Helena y Laura llevan dos años copando el puesto de reina infantil de La Bicicleta. La nueva fallera mayor infantil de Valencia es María Amparo Morosoli, una niña de 10 años de la comisión Sueca-Literato Azorín que estudia quinto de primaria en el colegio Pureza de María. En el recreo búsquenla jugando al fútbol o al baloncesto. Los Backstreet Boys, Gloria Stefan y Alejandro Sanz son los inquilinos habituales de la pletina de su casete. Cuando la alcaldesa leyó su nombre en el hemiciclo y le telefoneó para darle la enhorabuena recitó de carrerilla las dos frases que tenía preparadas para expresar su orgullo por representar a todos los niños falleros y agradecer la confianza al jurado. La corte infantil del año pasado le regaló una nueva mascota, un gorila enorme de peluche que "suelta mucho pelo". A pesar de todo, promete guardarle un sitio en su cama. "Quinto 16", anunciaba el portero de la finca a los recién llegados. Una interminable hilera de periodistas, falleros, políticos y parientes que acudían a agasajar o entrevistar a la nueva fallera mayor de Valencia. Como es habitual en estas liturgias, el piso estaba más abarrotado que un vagón del metro en la hora punta. Al fondo del muro de cuerpos sudorosos se adivinaba la presencia de Sandra Bonet por el resplandor de los flashes. La chica más célebre del momento es una estudiante de Derecho de 20 años, hija de una abogado, de cabello y ojos castaños, que disfruta deslizándose con sus esquíes por las laderas nevadas. Su novio, Nacho, y su hermano Josu confesaban que hace unas semanas la nueva reina, presa de una gran timidez, se sentía aterrorizada ante las cámaras y los micrófonos. "Llevaba chuletas para salir de apuros", asegura Josu. Ahora les impresiona la confianza y la espontaneidad que exhibe. "Agarra un micrófono", apostilla Nacho, "y no hay manera de que lo suelte". Eso sí, hasta su abuela advierte que la fallera mayor tiene "mucho genio" cuando se enfada. "Lo ha heredado de su abuelo y de su padre", explica. En el piso colmatado, Ricardo El Reincidente aprovechó para sanear, talonario en mano, la tesorería de la falla: "¡Lotería de la fallera mayor!", pregonaba.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de noviembre de 1998