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La marcha de Esteve a Estrasburgo afianza a Trias como cabeza de lista de CiU en las generales

Jordi Pujol va despejando poco a poco las incógnitas de la alambicada ecuación de los liderazgos de su partido, Convergència Democràtica. Tras el sorpresivo anuncio de la designación del secretario general, Pere Esteve, como cabeza de lista de CiU en las próximas elecciones europeas, el consejero de Presidencia del Gobierno catalán, Xavier Trias, se afianza como eventual primer candidato en las elecciones legislativas. Este movimiento de piezas desbroza asimismo el camino del consejero de Economía, Artur Mas, hacia la sucesión de Pujol.

Pere Esteve reiteró ayer que su futura condición de eurodiputado responde a un deseo propio y no a una imposición de Jordi Pujol ni de ningún sector de Convergència. Esteve subrayó una vez más que su nueva dedicación de ningún modo le apartará de la secretaría general del partido, aunque diversas fuentes convergentes siguen poniendo en duda que esto sea posible a medio plazo. La ecuación de los liderazgos de Convergència va quedando ya prácticamente resuelta: Joaquim Molins como aspirante a la alcaldía de Barcelona, Pere Esteve como candidato al Parlamento de Estrasburgo, Felip Puig como figura ascendente en el manejo de la maquinaria del partido desde la secretaría de organización y Artur Mas como delfín de Pujol y eventual conseller en cap del Gobierno catalán en la próxima legislatura si CiU logra revalidar su hegemonía en el Parlament. En este esquema sólo falta el cabeza de lista de CiU en las próximas elecciones legislativas, puesto que Pujol reserva para Xavier Trias, según diversas fuentes de la dirección del partido y del Gobierno catalán. Hasta ahora, Esteve también aparecía como un posible cabeza de cartel de CiU en las elecciones al Congreso de los Diputados. Esta última opción, precisamente, era defendida desde las filas de Unió -el socio minoritario de la coalición nacionalista- y también desde destacados sectores de las filas convergentes. El camino del "delfín" Otros dirigentes de Convergència, como Felip Puig y Oriol Pujol -hijo del presidente catalán-, ambos valedores del delfinato de Artur Mas, ya apostaban desde tiempo atrás por Trias como cabeza de lista en las generales. La salida de Trias del Gobierno catalán despejaría de previsibles obstáculos el camino de Mas hacia la sucesión de Pujol. Pero tras el anuncio de que Esteve abrirá la candidatura de CiU al Parlamento Europeo, que el lunes pasado cogió por sorpresa a la práctica totalidad de la dirección de su partido, todas las incógnitas de la ecuación parecen ya resueltas. Esteve aún insistía ayer en que el anuncio del lunes no presupone necesariamente que su opción a encabezar la lista de las generales esté descartada de forma definitiva. Pero a renglón seguido admitía que la explicación de Convergència de que su candidatura europea responde a una apuesta estratégica que pasa por reforzar al máximo nivel la presencia del nacionalismo catalán en el escenario político europeo, quedaría en entredicho si al cabo de 10 meses el secretario general convergente cambiase la Eurocámara por el Congreso de los Diputados. Fuentes de la dirección convergente se mostraron completamente convencidas de que Trias será el cabeza de cartel de CiU en las próximas legislativas, sobre todo si el presidente del Gobierno, José María Aznar, acaba prestando oídos a quienes le aconsejan que adelante los comicios a 1999. Las mismas fuentes apuntaron, sin embargo, que si Aznar decidiera agotar la legislatura y convocar a las urnas en marzo del 2000, todavía habría tiempo para que los nacionalistas se planteasen una eventual revisión de la opción electoral de Trias. Los democristianos de Unió observan con inquietud todos estos movimientos en el tablero directivo de sus aliados. El líder de Unió ya ha expresado a Pujol el rechazo de su partido al plan del presidente catalán de nombrar a Mas conseller en cap de su Gobierno. Los dirigentes de Unió, irritados por las dificultades que encuentran para incrementar su cuota de poder dentro de la coalición en la que ingresaron hace 20 años, no están dispuestos a dar su visto bueno a un Gobierno en el que ni el presidente ni el conseller en cap procedan de las filas democristianas. La dirección de Unió también observa con inquietud el peso creciente de Felip Puig en la organización convergente, con quien mantienen unas relaciones difíciles y basadas en la desconfianza mutua.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de noviembre de 1998

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