Javier Solana, arquitecto de la OTAN
(...) El papel que más le va al secretario general es el de galvanizador y mentor de las temerosas jóvenes democracias, y su principal habilidad, la de seducir y tranquilizar a quienes, no siendo enemigos, puedan, con buen tiento, llegar a ser amigos.
(...) Entre sus muchos papeles, Solana tiene que encarnar al estadounidense ante los europeos y al europeo ante los estadounidenses. Cuando viaja al Este (...) lo hace como una especie de potentado occidental que simboliza el poder y el encanto del "Tío Sam" y de sus amigos. Cuando viaja al Oeste (. . .) debe sacar partido a su agudo talento para las relaciones públicas con objeto, simplemente, de recordarle a la gente que la OTAN existe —algo que a veces no se sabe valorar en Europa— y que tiene algo que decir en los conflictos que ocurren en remotos rincones del Viejo Continente. Y despertar un mínimo interés en la indiferencia de los californianos es quizá una tarea más ardua que la de enfriar los ardores de los ex comunistas en Europa. Pero Solana tiene capacidad para ambas cosas. (...) Aunque pueda hablar por los militares, Solana es sobre todo un político, un producto de la intelectualidad burguesa que se desplazó hacia el centro más fácilmente que muchos de sus colegas. Y hoy, mientras recorre el mundo representando a la OTAN, Javier Solana tiene buen cuidado de que no se le olvide en el tupido e introvertido mundo de los socialistas españoles. (...)
, 17 de octubre


























































