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ESQUÍ

'La Bomba' se desactiva

Tomba, uno de los más grandes esquiadores de la historia, se retira

, La Bomba se desactiva. Alberto Tomba, uno de los más grandes esquiadores de la historia, el más espectacular y, sin duda, el mejor de los últimos años, anunció ayer, a través de un comunicado a la agencia Ansa, su retirada definitiva de la competición. Aunque todos los indicios apuntaban a que tomaría esta decisión, del carácter imprevisible de un personaje tan insólito como él podía esperarse cualquier cosa. Él mismo, sin embargo, dijo ayer que todos los rumores de los últimos meses sobre su retirada no habían surgido de su boca y que sólo en ese momento lo confirmaba oficialmente.

Tomba se va después de 11 años de una carrera tan irregular como asombrosa, en el momento oportuno. Ya la temporada pasada, este mismo año 98, se vio que sólo podía sacar destellos de su inmensa clase y falló en los Juegos Olímpicos de Nagano. A los 31 años (cumplirá los 32 el 19 de diciembre próximo), ya no podía ser el gran Tomba del pasado glorioso y no muy lejano. El esquí de élite, como cualquier deporte de alta competición, no sólo requiere una forma física asombrosa, sino una concentración que en su caso se perdía cada vez más por su personalidad, pero lógicamente también por las distracciones de la fama y el dinero. Popular, mujeriego, juerguista, centro de escándalos con la prensa, directivos y hasta con la hacienda de su país, era tan explosivo dentro como fuera de las pistas.

La Bomba lo había ganado todo y no podía aspirar a mucho más. Sólo a perder prestigio. Eso sí, se despidió con una victoria más en Copa del Mundo, en Crans Montana, el 15 de marzo. Ahora, incluso en su marcha ha demostrado su genio. Ya no podía dar más.

Tomba ha roto tantos moldes que ha sido la primera gran estrella urbana , el primer campeón no procedente de pueblos en la montaña, pues nació cerca de Bolonia y de una familia adinerada. Es decir, no fue un esquiador por obligaciones geográficas, sino un aficionado que transformó la práctica y el placer de esquiar por una profesión lucrativa. En otras palabras, un genio de nacimiento. Aunque mejoró su condición física, su potencia natural y sus gestos de anticipación para salvar puertas y situaciones comprometidas, casi rebasaron las leyes de la gravedad. Su gran predecesor en la gloria, el sueco Ingemmar Stenmark (mucho más que el posterior suizo Pirmin Zurbriggen) fue un prodigio técnico y un gran mecanismo de repetición. Tomba, sobre todo, un inventor.

Así pudo ser tres veces campeón olímpico en eslalon y gigante (sus únicas pruebas, las de habilidad), y doble campeón mundial, con dos años mágicos, sobre todo, 1988, Calgary, y 1996, Sierra Nevada, en los que casi sólo ganó eso, pero sobró. Aunque también venció en 50 pruebas de Copa del Mundo, 35 eslalones y 15 gigantes (sólo superado por las 86 del más regular, y de otros tiempos, Stenmark). Y en nueve Copas, cuatro en cada prueba y una absoluta, en 1995, sin puntuar en las carreras de velocidad. Asombroso.

Tomba se ha ido dando las gracias a todos los que le han apoyado y aplaudido. Quizá sea una cortesía innecesaria. El esquí le debe mucho más de lo que haya podido darle, y que ha sido mucho. El deporte en mayúsculas, el que pasa a la historia en letras de oro, tendrá siempre un lugar de privilegio para el esquiador que traspasó todas las barreras. El esquí, aun siendo la modalidad reina de los deportes invernales, no deja de ser muchas veces repetitivo y monótono para el aficionado general del deporte. Y más aún en países con mayor tradición turística que competitiva, como España. Pero Tomba era más conocido que muchos futbolistas, ciclistas o atletas, por poner ejemplos de tres deportes populares. Su carisma iba parejo con su calidad. A Hermann Maier, el austriaco que ha asombrado la última temporada, se le ha querido nombrar ya su sucesor. Pero Herminator es un bloque de hielo que estalla de forma muy distinta a La Bomba. Es incluso más completo, porque domina mayor número de especialidades, pero le falta la magia. Esa se ha ido para siempre con Tomba.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de octubre de 1998