DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA REGIÓN

El PSOE presenta una relación de hasta 110 compromisos incumplidos por Ruiz-Gallardón

El portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, Jaime Lissavetzky, intentó ayer desmontar con más cifras el aluvión de números que el presidente regional, Alberto Ruiz-Gallardón, había puesto sobre la mesa la jornada anterior en su discurso sobre el estado de la región. Lissavetzky consagró su intervención a ennumerar los incumplimientos que, a su juicio, el Gobierno del PP ha acumulado a lo largo de los tres últimos años. Y no son pocos: hasta 110 les salen al líder socialista, que, a falta de tiempo para desarrollarlos todos, distribuyó un listado con ellos.

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Jaime Lissavetzky se enfrascó en demostrar que la Comunidad se ha estancado durante el mandato de Ruiz-Gallardón, pese a coincidir con un periodo de bonanza económica. "Cuando sube la marea, todos los barcos flotan", advirtió, "pero Madrid es una de las regiones en las que menos flotan esos barcos". ¿Por qué? Según el portavoz socialista, porque Ruiz-Gallardón ha evidenciado una "escasa capacidad reivindicativa" ante las instancias superiores. Así, la financiación adicional para Sanidad asciende en la región a 768 pesetas por habitante, por 5.221 que le corresponde a cada catalán. Lissavetzky echó en cara a su contrincante el tono complaciente del discurso del martes, circunstancia que tradujo en una cita de Bertrand Russell: "No creas que los demás van a interesarse por tu persona tanto como tú mismo". En su empeño por aplicar al presidente el árnica de la modestia, le recordó que el último informe del Consejo Económico y Social desvela que las inversiones por habitante en Madrid ascienden a 33.945 pesetas, el último puesto entre todas las comunidades autónomas.

Cáncer urbanístico

El líder socialista reservó buena parte de su artillería a la política urbanística del PP, "que produce en la ciudad el mismo efecto que un cáncer en el cuerpo humano". Y es que las plusvalías de este "urbanismo del caos" van a parar, a su juicio, a manos de unos pocos promotores privados, mientras al ciudadano de la calle se le endosan herencias como la operación Chamartín, la operación Campamento, Aravaca o los nuevos barrios, "donde no se ha puesto ni un triste ladrillo".El presidente regional entró al trapo de lleno. "Las plusvalías urbanísticas revierten siempre en el patrimonio público", recalcó Ruiz-Gallardón. El máximo responsable autonómico recordó que el plan para Aravaca se aprobó tres semanas antes de que él tomara posesión. "No pensaba sacar el tema", confesó, "pero usted me ha obligado a ello".

La política sobre vivienda también sirvió para que socialistas y populares arreciaran en el rifirrafe. Lissavetzky deploró la carestía del sector (178.000 pesetas por metro cuadrado, 63.000 más que la media nacional), calificó al Ivima como "instituto del desahucio", -por su proceder con los inquilinos que no aceptan comprar sus pisos- y argumentó que las nuevas viviendas que se atribuye el PP ya estaban, en su mayoría, "finalizadas o muy avanzadas en julio de 1995". Pero Ruiz-Gallardón tenía preparado un contraataque. "Me parece justo que no quiera hablar de viviendas entregadas", admitió, "así que hablaremos de iniciadas". Y en ese terreno, según sus datos, sucede que la Administración promovió 3.965 pisos en los tres primeros años de la anterior legislatura, frente a los 12.500 que acredita el actual Gobierno en idéntico periodo.

Los dos líderes también se enfrascaron en el debate educativo. El líder de la oposición expresó su temor de que los 131.000 millones para la escuela apalabrados el martes por el presidente sirvan en buena parte para "tapar los agujeros" derivados de una transferencia insuficiente. El presidente respondió que los 255.000 millones comprometidos para el traspaso eran la mejor cifra posible, a diferencia de lo que sucedió en 1995 con las universidades: "Cuando ustedes se olvidaron de incluir las deudas de los campus con la Seguridad Social", dijo. Era una andanada para Lissavetzky, entonces consejero de Educación, pero el socialista tenía su mejor argumento sentado en los bancos azules. "Sabe que no tiene razón", rebatió. "Todos los rectores estuvieron de acuerdo con esas transferencias, incluido mi buen amigo y hoy consejero Gustavo Villapalos".

El presidente le reservaba una indirecta envenenada a la próxima candidata socialista, Cristina Almeida. Aprovechando que debía responder al único diputado del grupo mixto, José Luis Nieto, le reprochó que no hubiera renunciado a su acta parlamentaria. Almeida respondió que ella mantenía su coherencia y pidió a Ruiz-Gallardón que se abstenga de llamarla tránsfuga. "Y más él, que estuvo cerca de pagar 200 millones para comprar el voto de un diputado de IU", agregó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 30 de septiembre de 1998.

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