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El presidente de la compañía Virgin denuncia presiones de los "tories" para que donara fondos a ese partido

Richard Branson, de 47 años, el empresario más popular del Reino Unido y dueño de la cadena Virgin, ha vuelto a poner en aprietos a los conservadores británicos. En una entrevista exclusiva concedida al rotativo The Independent asegura que perdió el contrato para gestionar la lotería nacional -un negocio redondo, ahora en manos del consorcio denominado Camelot- porque no quiso hacer donaciones económicas al partido tory. "Dejaron entrever que si contribuía sabrían agradecérmelo", ha dicho. La oposición lo ha desmentido, pero las declaraciones del hombre al que la mayoría de los ciudadanos desearía ver convertido en primer ministro han reavivado la polémica sobre la financiación de los partidos políticos.El aspecto de Branson -rubio, de ojos azules y trato franco- le ha granjeado numerosos seguidores en su país. Con el contrato de la lotería, a la que optó con una propuesta más cercana a la beneficencia que al lucro personal, sufrió un serio e inesperado revés. Camelot, un grupo británico con participación de la compañía estadounidense GTech, especializada en dicho juego público, obtuvo en 1994 la concesión. El arrojado empresario consideró el hecho una venganza y trata desde entonces de demostrarlo.

"Recibí una extraña invitación para cenar con el entonces primer ministro John Major. La decisión aún no había sido tomada y me pareció mal aceptar la invitación", sostiene en la entrevista. La lotería cuenta con un organismo supervisor y, en una llamada telefónica, el intermediario dejó entrever que conocía bien a su director general. "Le contesté por escrito que no, gracias", continúa Branson. "De todos modos, no creo que Major supiera nada. Aprecio a John y sospecho que se aprovecharon de su nombre".

Intento de soborno

Una vez hubo cedido a la sorpresa inicial por la pérdida del contrato, Branson hizo una revelación que iba a cambiar el rumbo de la gran rifa nacional británica. Aseguró que Guy Snowden, presidente de GTech, había intentado sobornarle para que retirara su propia oferta. Branson tomó varias notas sobre el particular en su agenda instantes después de hablar con él. Cuando Snowden interpuso una demanda por difamación, las mostró al tribunal. Presentado una vez más por la prensa como un honrado y valiente Robin Hood, venció con facilidad a un desconocido que padecía evidentes problemas de credibilidad. Las 100.000 libras (25 millones de pesetas) ganadas en concepto de daños y perjuicios fueron a parar a varias asociaciones caritativas.Las últimas declaraciones de Branson coinciden con la próxima aparición de su autobiografía. Después de lamentar que pueda pedirse dinero en términos similares ha hecho votos por la reforma del conservadurismo. "Espero que el nuevo partido conservador demuestre estar por encima de estos trances. Cuando llega al poder, ningún partido que ha recibido estas sumas quiere cambiar el sistema, pero debe hacerse". Los portavoces tories han subrayado que nunca aceptan cheques a cambio de favores, "y nunca lo hemos hecho". Su reputación hasta las pasadas elecciones resultó, sin embargo, lastrada por sospechas de esta índole.

Los laboristas, patronos durante la misma campaña de una honradez recaudatoria suma, han tenido que dar ya explicaciones similares a las exigidas a John Major hace un año escaso. Y ello porque algunos de los títulos honoríficos otorgados por Tony Blair pueden parecer devoluciones de favores más que otra cosa. Dicha práctica ha estado también muy en boga en las filas conservadoras.

El caso de David Sainsbury, ahora lord, es uno de los más significativos. Heredero de una de las cadenas de supermercados más famosas del país, ha sido nombrado asimismo secretario de Estado de Comercio e Industria. El elegido ha abandonado, eso sí, sus lazos empresariales antes de abrazar la política. "Lo mejor sería abolir los títulos para evitar malentendidos. O bien remitir las dádivas al Ministerio de Hacienda. Hasta podría pagarse la deuda pública con ello", ironizaba ayer en su editorial el propio The Independent.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de septiembre de 1998

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