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Oliveira abandona el Betis tras enfrentarse con Lopera

Algo va mal, pero que muy mal, en este Betis llamado a hacer historia. El portugués Antonio Oliveira arrojó ayer la toalla y se convirtió en el segundo entrenador que el Betis ha tenido en esta pretemporada, después del abandono de Luis Aragonés, a finales del mes pasado. El tercero, tal y como anunció ayer el presidente del club, Manuel Ruiz de Lopera, será Vicente Cantatore, que se presenta hoy mismo.

Oliveira dejó ayer muy claro que su dimisión como entrenador del Betis fue "por dignidad". El ex seleccionador luso no pudo ni hacer los descartes de los jugadores para esta temporada. Cuando se hizo cargo del equipo a principios de este mes, el presidente del Betis, Manuel Ruiz de Lopera, ya tenía muy claro quiénes no iban a jugar con la camiseta verdiblanca: Josete Ureña y Jarni. Oliveira, a la vista de que pintaba muy poco en el equipo decidió irse. Luis Aragonés también se fue y, aunque adujo "motivos personales", el control asfixiante de la directiva sobre el equipo estaban detrás de su salida.La alienación del entrenador portugués respecto al equipo que estaba a su cargo era tan grande que se desayunó en los periódicos del pasado viernes con la lista de los jugadores de que disponía para jugar la copa de la UEFA. Para su sorpresa, el croata Nadj se quedaba fuera.

Esta situación le creó muchas tensiones con los jugadores, que le recriminaron su aparente falta de carácter ante el presidente. Oliveira, según aseguró ayer en una conferencia de prensa, le exigió a Manuel Ruiz de Lopera que explicara este galimatías a los jugadores. Cosa que hizo el pasado viernes en el hotel, horas antes de jugar el primer partido del Trofeo Carranza.

Enfrentado con la plantilla y la directiva, la gota que desbordó la paciencia del tranquilo y pausado Oliveira fue la situación de Andrei Frascarelli. El jugador se negó a ser convocado para el Carranza, porque su agente estaba estudiando ofertas de otros clubes. El ex jugador del Atlético de Madrid había fichado este mismo año y había costado 600 millones. Pero no le gusta Sevilla. Oliveira, enojado, le exigió a Ruiz de Lopera que el brasileño no entrara más en el vestuario. Ruiz de Lopera le impuso al defensa (aunque ahora es el cuarto no inscrito para la Liga) y el que dejó el club fue el entrenador. Como Luis Aragonés "por dignidad".

Los jugadores no han derramado ni una sola lágrima por su entrenador y algunos han llegado a decir socarronamente que el Betis "le quedaba grande".

Por motivos de impresión, el suplemento especial sobre la Liga que se entrega con la edición de hoy de EL PAÍS no incluye las últimas novedades en el organigrama del Betis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de agosto de 1998

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