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Unos pescadores descubren un alijo de droga sumergido en aguas del Maresme

El Servicio Marítimo de la Guardia Civil localizó ayer en el mar, junto a las playas del Maresme, 250 kilos de cocaína distribuidos en nueve fardos. La droga había sido transportada en barco desde algún país suramericano y anclada a 26 metros de profundidad, en el fondo del mar, a una milla de El Masnou. Los fardos tenían que ser recogidos por alguien para su distribución en España, pero la hélice de un pesquero topó con el cable que servía para sacarlos del mar y desveló la existencia del alijo.

A las ocho de la mañana, el pesquero navegaba hacia Premià de Mar, cuando su hélice se enredó en un cable. Los pescadores tiraron de él y vieron que en el otro extremo había unos paquetes. No se atrevieron a abrirlos y avisaron a la Guardia Civil. Una patrullera del Servicio Marítimo del cuerpo policial se dirigió al lugar y comprobó que se trataba de un alijo de cocaína. Los agentes sacaron del fondo del mar cinco fardos de entre 25 y 28 kilos de cocaína cada uno. La droga estaba en perfectas condiciones. Había sido envasada concienzudamente en paquetes estancos de alrededor de un kilo. A lo largo del día fueron apareciendo más fardos con droga. A 300 metros de la playa de El Masnou el grupo de submarinistas de la Guardia Civil localizó otros dos paquetes. Los agentes encontraron un fardo en la playa de Vilassar de Mar y otro en la de Arenys de Mar, a casi 20 kilómetros del lugar donde se localizaron los primeros paquetes. En total, recuperaron nueve paquetes de unos 250 kilos y hallaron dos anillas sumergidas pero sin fardo, lo que hace suponer que hay 50 kilos de cocaína flotando por el Maresme. El valor de la droga ronda los 2.500 millones pesetas, aunque una vez adulterada su precio hubiera podido llegar a 10.000 millones. Fuentes policiales han indicado que los fardos estaban fijados en el fondo del mar con lastre, que algunos se soltaron y las corrientes los dispersaron. Este sistema es inusual en las costas catalanas, pero es suficientemente conocido por los cuerpos policiales porque es frecuente en Andalucía y Galicia. "El lastre mantiene fijos en el fondo los fardos. Se comunican las coordenadas exactas del alijo a la persona que tiene que recogerlo. Se larga un cabo que en su extremo tiene el fardo y sólo hace falta una pequeña embarcación para tirar de él y recoger la droga sin levantar la más mínima sospecha", señalan fuentes de la Guardia Civil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de julio de 1998

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