Barajas no va bien
Siguiendo la doctrina oficial ("Barajas va bien"), los medios han dejado de hacerse eco de los desastres continuos -retrasos crónicos, falta de información, paseos interminables ante los cambios de puerta- del aeropuerto de Barajas, convertido en el símbolo del caos en estos días, porque, al parecer, les han cambiado las pantallas a los controladores "y todavía no están muy sueltos", según Iberia. El colmo de esta situación, que algunos vinculan a la huelga de hace unas semanas, tuvo lugar ayer. Primero sufrimos hora y media de retraso antes de embarcar. Y, ya en el avión, el comandante anunció que habíamos perdido el slot y que teníamos que esperar cuatro horas más para despegar.Al cabo de media hora, mientras estirábamos las piernas alrededor del avión y comentábamos el desastre organizativo de AENA, nos convocan con urgencia a nuestros asientos para que el comandante explicara: "Han tenido ustedes suerte: un compañero del pasaje, al que espera un controlador amigo suyo en Palma, ha logrado que, mediante un contacto en Bruselas, nos adjudiquen una nueva hora de salida dentro de 15 minutos".
La alegría por la noticia se vio desplazada de inmediato por la constatación de la chapuza hispánica que acabábamos de vivir en vivo y en directo: en la España de finales de siglo no sólo siguen cabiendo los enchufes, sino que se acrecientan con ayuda de la tecnología digital de los teléfonos móviles. Mientras pensaba en la poca seriedad del control aéreo, al tiempo que satisfecho porque nos hubieran dado pista, una señora muy elegante, sentada a mi lado, comentó: "Qué vergüenza; por favor, que esto no lo traduzcan al inglés por megafonía".- .


























































