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REFERÉNDUM EN IRLANDA

Eire decide hoy el cambio constitucional más importante desde su fundación

Los irlandeses acuden hoy a las urnas para ratificar el Acuerdo de Stormont, que, para la República de Eire, implica un fundamental cambio de la Constitución de 1937. No hay duda de que los resultados mostrarán una abrumadora mayoría a favor de la reforma, pero un puñado de personalidades critica la ausencia de un debate público sobre un referéndum enfocado a abolir la definición territorial del Estado irlandés, otorgar el veto a la población unionista de los condados del norte y confirmar la partición de la isla de Irlanda.

El electorado irlandés se pronuncia hoy sobre el cambio constitucional más importante desde la fundación del Estado hace más de 75 años. Por primera vez el Gobierno pide permiso a los 2,6 millones de ciudadanos con derecho a voto para enmedar los estatutos que reclaman la soberanía sobre toda la isla, incluidos los seis condados del Norte. Su respaldo, que los sondeos sitúan en una amplía mayoría cercana al 90%, resultará en el abandono del concepto tradicional de nación-Estado. En su lugar, se avanza hacia la definición de Irlanda en términos de pueblo, no de territorio. «Formar parte de la nación de Irlanda», reza un trascendental artículo de las enmiendas, «es el derecho de toda persona nacida en la isla de Irlanda».«Es una buena iniciativa que nos permite resolver las dudas sobre nuestra identidad nacional. La definición basada en el territorio funcionó en el siglo pasado, pero en vísperas del milenio los jóvenes irlandeses estamos más interesados en la gente que en parcelas de tierra. Tenemos por fin la oportunidad de dar un paso sofisticado para reflejar realmente cómo es el pueblo irlandés. Será ciudadano irlandés aquel que lo desee», defiende el abogado dublinés, Colm Mac Eochaidh.

Para el artista Robert Ballagh, con esta nueva definición, Irlanda pasa a englobar el grupo de pueblos -israelí, aborígenes australianos, indios americanos- donde, dice, «el conflicto sigue vivo». «No hay necesidad de ceder parte de nuestro territorio, porque la reclamación sobre el Ulster es de facto y, además, nuestra constitución nos prohibe recurrir a la violencia», protesta este artista reconocido mundialmente por sus decorados del musical Riverdance.

Salvo dos organizaciones políticas minoritarias, el resto de los partidos irlandeses, incluido el Sinn Fein, apoya la ratificación del Acuerdo. La campaña, por tanto, carece de genuino debate parlamentario o público. En un ejercicio unitario, sin matices visibles, el Gobierno de Bertie Ahern y la oposición promocionan el referéndum como un «voto por la paz». «No hay debate, sino chantajes para inhibir el diálogo. Dicen que el no significa más bombas y asesinatos; el sí, paz. Es deshonesto y un insulto para personas que, como yo, llevan años haciendo campaña por la paz».

Ballagh se proclama nacionalista y lamenta que su Gobierno, liderado por Fianna Fail, un partido de exquisita herencia republicana, acepte un acuerdo que, denuncia, «nos hace retroceder en nuestro objetivo nacionalista». «No puede funcionar porque está basado desde un principio en premisas falsas. No resuelve las causas del conflicto, ni garantiza la paz», interpreta.

En su negativa valoración de los resultados de años de negociación multipartita e intergubernamental, el artista dublinés advierte un mínimo avance en las posturas dentro del unionismo, mientras que los nacionalistas norirlandeses pierden el fundamental derecho a la autodeterminación. Ballagh reconoce que Irlanda dará hoy un masivo sí en el referéndum porque desea fervientemente dejar atrás décadas de conflicto. Pero también se siente alarmado porque, dice, «se aprecia mucho descontento y un sentimiento de haber sido engañados entre los nacionalistas». «Se reservan sus dudas en la esperanza de que el Acuerdo traerá buenos resultados. Pero si falla, y pienso que tiene escasas probabilidades de prosperar, este sentimiento resurgirá y regresaremos a una situación peor a la que hemos vivido hasta ahora ».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de mayo de 1998