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FÚTBOL 37ª JORNADA DE LIGA

El Espanyol remata al Madrid

Un gol de Roberto compromete las aspiraciones del equipo blanco en la Liga

Ni pintando el campo de blanco levanta cabeza el Madrid. La Liga es un vía crucis para el colectivo de Heynckes. No atiende ya ni al paisaje ni al carácter del choque. Necesitaba ayer el triunfo y salió derrotado de Montjuïc para disgusto de su hinchada, que fue casi tan numerosa como la blanquiazul.El partido resultó un calvario para el madridismo. Obsesionado como está con la cita de Amsterdam, anoche tiró prácticamente el segundo puesto del campeonato y, por tanto, se dispone a jugar la temporada a la ruleta rusa el día 20 contra el Juventus.

Frente a la actitud absentista del Madrid en un partido con timbre de final por su trascendencia en la tabla, el Espanyol desplegó un trabajo de equipo meritorio que, a falta de objetivos cuantificables, le permitió despedir a Camacho y decirle adiós a la temporada en el estadio Olímpico con grandeza. Diligente como es su norma en la parte trasera, achicó mucho en la medular y llegó con tanta reiteración al balcón del área que mereció la victoria. No le costó rematar a un Real Madrid cuyo desplome no parece tener límite. Impotente, el equipo blanco negoció otra derrota como las que ha venido sumando desde la segunda quincena de noviembre, la última vez que ganó en campo contrario.

Espanyol: Toni; Cristóbal, Pochettino, Pacheta, Arteaga; Roberto, Brnovic (Cobos, m

68), Sergio, Pralija; Luis (Javi, m. 68); y Benítez (Milosevic, m. 84).Real Madrid: Illgner; Panucci, Hierro, Sanchis, Roberto Carlos; Karembeu (Suker, m. 50), Redondo, Seedorf, Amavisca (Víctor, m. 73); Raúl y Mijatovic. Gol: 1-0. M. 72. Pralija controla un balón por la izquierda, centra al punto de penalti y Roberto, solo, remata forzado a la red. Árbitro: Pérez Burrull, cántabro. Mostró tarjeta amarilla a Benítez, Karembeu, Cristóbal, Roberto y Sergio. Unos 30.000 espectadores en Montjuïc. Numerosa presencia de seguidores del Real Madrid. Noche agradable. Terreno de juego en buen estado.

El Madrid fue un equipo descosido ante el porte marcial de su adversario. Tiene el Espanyol tan memorizados los automatismos de juego, sabe tanto de Camacho, que no necesita nada más que el balón para ponerse en marcha. El método está garantizado, con independencia de la nómina de efectivos y del rival. Pese a faltarle ayer medio equipo y tener enfrente al Madrid, el equipo blanquiazul mantuvo su fútbol físico, vigoroso, combativo. Un juego directo, cuerpo a cuerpo, presionante, que ahogó al grupo de Heynckes.

El Madrid estuvo largo rato a disgusto en la cancha. Partido por la mitad, anduvo a gatas atrás y estuvo parado delante. Fue un vagabundo. No tuvo un hilo conductor de juego y se debatió en mil discusiones futbolísticas que no le llevaron a ninguna parte. Jugó con el retrovisor puesto. Los errores en la salida del balón fueron tan reiterados que el equipo estuvo siempre de cara a su portero.

Seedorf e Hierro, por ejemplo, habilitaron a Luis y Roberto en dos remates de gol, Pralija y Brnovic dispusieron de espacio y tiempo para entrar por banda, y Benítez se dejó caer con gusto entre líneas. El Real Madrid sólo llegó en el primer tiempo con un remate fallido de Roberto Carlos y cuando, al filo del descanso, Raúl entró por una vez en contacto con la pelota. Bajó a recibir a medio campo y combinó con Mijatovic hasta la entrada del área, momento en que Pacheta metió su zurda y frustró el gol.

No hubo más ante el marco de Toni hasta el segundo tiempo. Diseminado en el campo, sin una velocidad única, el Madrid no conectó. No supo nunca qué hacer. La falta de Morientes avalaba la llegada al área con la pelota controlada, y sin embargo, las transiciones murieron en el ombligo del campo. Estuvo fundido, a merced del Espanyol. A la salida de Suker, una manera de anunciar que Heynckes pedía la victoria, replicó el grupo de Camacho con un fútbol muy combinativo, vertical, que generó dos ocasiones de muy buen ver, una desperdiciada por Roberto y otra por Benítez.

Hasta que no llegó el último tramo, el Madrid no se fue a por el partido. Recuperó la ambición, le dio ritmo a la contienda y obligó al Espanyol a recular. Las ocasiones de gol fueron repicando entonces en el marco de Toni. Seedorf remató al cuerpo del portero al igual que Hierro. Parecía que el partido había virado hacia el equipo blanco hasta que, en una contra, Roberto se encontó solo en el área chica y batió a Illgner.

El gol no estimuló para nada al Madrid. Le bastó al Espanyol con mantener su disciplina para combatir el acoso desmembrado de un contrario que nunca pareció ser consciente de lo que estaba en juego. Mantuvo el mismo tono soso y decaído de los últimos partidos y se ha entregado a su suerte, para suerte de sus perseguidores, dispuestos hoy a aprovechar la blandura blanca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de mayo de 1998