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Todos los deberes, ningún derecho

Los abuelos con nietos a su cargo critican las dificultades que hallan para asumir legalmente el papel de padres

Pilar tiene 67 años, vive en una casa de protección oficial y cuida de dos nietas: una de 18 años y otra de cinco. «Están conmigo desde que nacieron. La madre, que era toxicómana y que murió hace dos años de tuberculosis, aparecía de vez en cuando por casa. Hasta que estuvo muy mal», explica Pilar. La Comunidad de Madrid privó a la madre de la patria potestad de sus hijas por incapacidad, dando la guarda y custodia a la abuela, pero quedándose con la tutela de la nieta menor. «Ellos tienen todos los derechos y yo todos los deberes sobre la niña. Me la pueden quitar cuando quieran», indica Pilar. La guarda y custodia implica la obligación de cuidar, alimentar y educar. Nada más. Si vuelven a aparecer los padres del menor o la Administración decide que no está bien atendido, los abuelos deben entregarlo . «Vamos a intentar que la ley sea más justa», anuncia Marisa Viñes, presidenta de la asociación Abuelos/as en Marcha (Abumar). «Hay abuelos que han estado cuidando durante tiempo de sus nietos, pero luego vienen los padres que han estado desaparecidos, o quien sea, y se los quitan». La Ley no regula todavía la adopción de los descendientes, lo cual supondría el máximo reconocimiento para estos abuelos.

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Isabel Machado, jefa del Servicio de adopción y acogimiento familiar de Andalucía, aclara: «Los abuelos no pueden obtener la patria potestad, no pueden adoptar a los nietos. Sería un poco ir contra natura que pasasen a ser los padres. Pero sí pueden tener la tutela».

La tutela se concede cuando el menor no está bajo la patria potestad o bien se halla en situación de desamparo. En estos casos es la Entidad Pública responsable de la protección de menores la que asume a priori la tutela. Para entregársela a los abuelos, realiza primero un estudio del entorno familiar. «No se piden grandes cosas, tan sólo que se pueda atender mínimamente al niño», dice Rafael Rodríguez, asesor jurídico de Bienestar Social de Cantabria. Pero Sara Nieto, coordinadora de la Asociación de Madres y Madres-abuelas contra la Droga de Madrid, señala: «Primero te dan el acogimiento y luego te pasas mucho tiempo esperando a que la Administración te conceda la tutela. Suelen ser reticentes a dártela».

Otro de los quebraderos de cabeza de estos abuelos acogedores son los recursos económicos. Normalmente se trata de mujeres viudas y pensionistas . Pilar sale adelante gracias a una pensión de 62.000 pesetas, una mensualidad de 15.000 pesetas de la Comunidad para la nieta menor y el favor de una mujer que le trae leche, galletas y legumbres. Cada seis meses recibe un paquete de la Cruz Roja. «Nos las vemos y deseamos para poder tirar adelante. Pero hay abuelas a las que no les dan ni eso», añade.

Pilar, que va a pedir en breve a la Comunidad de Madrid que le dé la tutela de la nieta menor, conoce otros casos. «Quiero poner por escrito con quién quiero que vaya a vivir la niña si me pasa algo. Para eso necesito la tutela», cuenta. Y agrega: «Sé de abuelas a las que les han quitado los nietos para ponerlos en un colegio de la Comunidad. Los niños se han escapado y nadie ha avisado a los familiares». Según Esperanza García, directora general del Instituto del Menor y la Familia de Madrid, los derechos del niño que se intentan primar al conceder la tutela son «que no le separen de su familia», y «que viva en un ambiente familiar bueno».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de abril de 1998