FÚTBOL 32ª JORNADA DE LIGA

Fútbol de saldo

El Madrid y el Athletic decepcionan en un partido que no tuvo ningún rasgo brillante

Empate en todo: en goles, en mal juego, en el desinterés general. A este Madrid pelma, sin filo, se añadió un débil Athletic, incapaz de entender la formidable ocasión que perdió anoche. Su tedioso fútbol en el primer tiempo fue decepcionante. Pero el Madrid no le mejoró en ningún aspecto. Regresó a su condición doméstica, con una actuación pesadísima y con varios jugadores absolutamente fuera de onda: Suker y Raúl.Pocas veces se ha visto tan poco interés por disputar un partido, si por tal se entiende la suma de juego, pasión, remate y táctica. Juego no hubo, pasión sólo en la media hora final, remates los mínimos. Sobre la táctica se puede decir que los equipos actuaron con cuatro zagueros, defendieron en zona y poca más. Porque algunas decisiones de hicieron a beneficio de inventario o tuvieron trampa. Por ejemplo, la ubicación de Ziganda, un delantero de toda la vida tirado hacia la banda izquierda con la intención de taponar el juego del Madrid por aquel lugar. Ziganda, y a más a estas alturas de su carrera, tiene que funcionar lo más cerca posible de la portería contraria, donde aprovechar su instinto para el gol. Pero en el medio campo resulta inservible por no está dotado para ello, porque le fallan las condiciones físicas y porque los delanteros difícilmente pueden travestirse en centrocampistas. O sea, que el athletic no jugó con tres delanteros, como parecía. Ni tan siquiera con dos. Joseba Etxeberria, que es una amenaza real para cualquier defensor, pasó desapercibido en Chamartín, en gran parte por el mandato que había recibido: bloquear a Roberto Carlos. El único delantero del Athletic fue Urzaiz, y el hombre se ganó el sueldo en un combate a la inglesa con Hierro. Como el organizador del juego rojiblanco fue el portero Etxebarria -cosas del fútbol-, cada uno de sus innumerables pelotazos exigían el salto entre Urzaiz y Hierro, con resultado desigual. En cualquier caso, el delantero del Athletic comprometió a Hierro, que no parece disfrutar de su mejor estado físico.

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El Athletic jugó preferiblemente hacia atrás, con mucho toque, pero buscando a su portero, que la rompe con su tremenda pegada. Los centrocampistas no tomaron ningún riesgo, en medio de un fútbol plano y bastante absurdo. Más o menos como el que practicó el Madrid, que pareció desfon dado. También tocó mucho, pero sin ningún sentido. Se toca para algo, para distraer, por ejemplo. Luego se emplea la sorpresa, que suele ocurrir cuando alguien realiza un desmarque o cuando algún futbolista limpia a algún rival por el camino -leáse, regate o pared-. Regates hubo dos en el primer tiempo y, no por casualidad, tuvieron alguna consecuencia. En el primero, Amavisca se escapó de Larrainzar y disparó con la derecha; en el segundo, Suker recordó que una vez fue Suker: eliminó con una finta a dos defensores y pasó a Roberto Carlos, que se confundió frente al portero. Suker no volvió a recordar el futbolista que fue. Es evidente que está en el periodo crespuscular de su carrera y que no puede hacer lo básico: correr, regatear, escaparse de alguien. Parece tan oxidado que extraña la confianza que le tiene Heynckes. No hay ningún motivo futbolístico que justifique la elección de Suker sobre Morientes, un delantero en estado emergente -protagonizó la mejor jugada del partido- que se consolida con goles en la Liga y en Europa.

Suker salió de partido entre los abucheos de la gente, que no le soporta. Otro jugador que no remonta es Raúl, de quien se tuvieron las primeras noticias en el minuto 68: un desmarque por detrás de Carlos García le permitió rematar con la derecha, pero Imanol rechazó el balón. Luego, Raúl volvió a hibernar.

Fue un partido con malas noticias sobre varios jugadores prestigiosos. Guerrero tampoco sale de su delicada situación. Su peso en el juego fue mínimo, todo lo contrario que Urzaiz -protagonista de una excelente ocasión en un tiro sorpredente que salió a un palmo del poste izquierdo- y de Alkiza, que realizó una colosal segunda parte. Se impuso en el medio campo sin contestación alguna de Redondo, Seedorf y Guti. Como el resultado no se rompía, el encuentro ganó en intensidad en los últimos minutos. Pareció que Morientes podría rescatar al Madrid, pero se lesionó, y la noticia fue recibida con estupor en Chamartín. Sin Morientes, el Madrid volvió a perder la única referencia consistente con el gol. El Athletic pudo aprovechar la circunstancia: su rival estaba desfondado, el encuentro se había roto lo suficiente y había espacio y tiempo para alcanzar la portería de IlIgner. Hubo un par de amagos de Joseba Etxeberria, pero faltaba la voluntad para conquistar la victoria. Era lo que correspondía a un partido desastroso en el primer tiempo y pobretón en el segundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 04 de abril de 1998.

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