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FÚTBOL 30ª JORNADA DE LIGA

El Salamanca vence a Vieri

El delantero italiano marcó cuatro goles, pero no logró impedir el fracaso del Atlético

Donde no llegó el Atlético, llegó Vieri, que marcó cuatro goles en una actuación memorable. Y sin embargo, el Atlético perdió en Salamanca en una noche inexplicable y en el partido más descontrolado del año. El Salamanca sólo tuvo que protegerse de Vieri, cosa que no le resultó sencilla porque el hombre podía con todo. Desbordar al Atlético fue bastante más fácil. El equipo de Antic se desintegró en medio de una catarata de errores y decisiones inexplicables, como la presencia de Andrei -absolutamente cojo e inservible- hasta el final del encuentro.El estado de los dos equipos determinó bastantes cosas del encuentro. El Salamanca jugó con la necesidad que le genera su posición, al borde del descenso. Por lo tanto, actuó con energía y dinamismo. Todos sus futbolistas se mostraron extremadamente activos, como si les fuera la vida en partido. El Atlético venía de Otra guerra, de su difícil partido frente al Aston Villa, donde todos se exprimieron. La Liga le resulta menos apetecible en estos momentos. La cabeza está en la competición europea y resulta complicado meterse en batallas tan fragorosas como la de Salamanca.

Por el lado anímico, el Salamanca estuvo más metido en faena. Pudo llevarse la victoria sólo por su enorme despliegue físico y por la voluntad de todos sus jugadores. Sin embargo, el Atlético dispone de jugadores que deciden. En este aspecto es un equipo protegido por la creatividad de Kiko, por la precisión en los pases de Pantic, por algún momento de Caminero y por la exuberancia de Vieri. El delantero italiano es el único que parece refractario a la fatiga.

Cuando el Atlético consiguió juntar a sus mejores jugadores, el resultado fue letal para el Salamanca. Ahí queda el primer gol: Un largo y espléndido desplazamiento de Caminero hacia Kiko, que cruzó la pelota a un toque, en una demostración de clase y tacto. El remate fue limpísimo, de Vieri, que llegó como un huracán.

El hermoso gol del Atlético apenas tuvo efecto sobre el encuentro. El Salamanca prosiguió en su esfuerzo y el Atlético mantu vo una línea inconsistente. Varios de sus jugadores parecían afectados por la fatiga, otros se movían de forma hermética, tan escrupulosos con las posiciones como desatentos con las obligaciones colectivas. El caso es que el Salamanca vio alguna luz y se lanzó hacia el área de Molina. Con resultados inmediatos, además, tras un gran disparo de Popescu.

El segundo tanto fue ya consecuencia de la oleada del equipo local, que generó varias ocasiones de gol. La defensa del Atlético respondió mal, a veces porque se sintió desprotegida por unos centrocampistas poco solidarios en el trabajo de cobertura, y otras por las deficiencias de los zagueros. Gel¡ se siente fuera de su hábitat en la banda izquierda (más o menos como Caminero, que también andaba por allí); Aguilera sufrió de lo lindo para detener a Vellisca, Iturrino y Giovanella, que entraron con frecuencia por aquel lado; Andrei no funcionó, en buena parte por su deficiente condición física: estaba cojo. Resultó inexplicable su presencia hasta el final del partido. Antic debió cambiarle porque su equipo contaba con un jugador de menos. Pero el entrenador no le sustituyó, ante el asombro general. La suma de factores negativos complicaba la existencia del Atlético, que recibió el segundo en otro remate formidable de Popescu, de tiro libre esta vez. Molina se estiró como la goma y logró sacar la pelota, pero Silvani agarró el rechace y marcó. Lo más sorprendente fue la apatía de los defensores del Atlético, que vieron la jugada con una pasividad alarmante.

El Atlético empató con otro rapto genial. Pántic progresó por la banda derecha, se deshizo de un defensor y metió un centro maravilloso que sólo necesitaba un rematador. Vieri, naturalmente. Sin embargo, los goles del Atlético no coincidían con una manera natural de jugar. Iban y venían los pelotazos, con un desprecio notable por la elaboración en el medio campo. Este fútbol tan previsible continuó hasta el final del encuentro, aunque al Atlético siempre le quedan los golpes de efecto de Kiko y la voracidad de Vieri. Tal y como se dieron las condiciones del partido, estuvo siempre más cerca del Salamanca que del Atlético. El tercer gol del Salamanca coincidió con otro arreón del equipo local. El tanto habló mal de la defensa del Atlético, que concedió el cuarto de la misma manera: tina incursión por la izquierda, la descarga hacia la derecha, el centro sencillo y el cabezazo fulminante. El primero de Silvani, el segundo de Popescu. Mientras tanto, los defensas miraban.

El encuentro entró en una fase de descontrol extraordinaria en los últimos minutos. Todo el mundo llegaba al área rival: el Salamanca porque se aprovechaba de los numerosos agujeros del Atlético; el equipo de Antic porque tenía a Vieri, que no se rinde. El delantero italiano se tomó el asunto como una cosa personal y empató el partido. Su actuación fue monumental. Pero su épico combate no sirvió para corregir el diluvio de errores de su equipo, que cedió el quinto con la misma pasividad que los cuatro anteriores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de marzo de 1998