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Entrevista:

"A los madrileños les encanta ir a inaugurar exposiciones"

"Para los pintores de mi generación la movida fue un momento de oscuridad. Había que ser joven y tener un estilo neoyorquino para que las galerías te hicieran caso", comenta sin rencor Trinidad Fernández (Avilés, 1937), una de las pintoras que más peso tuvo en el ambiente artístico del Madrid en los setenta. Nada más llegar a esta ciudad, en 1954, se puso a pintar. Tenía 18 años y esperaba a la primera de sus dos hijas. Ese mismo año expuso por primera vez y en 1957 logró la tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Aunque los ochenta fueron momentos duros para ella, nunca dejó de pintar y mostrar sus cuadros en el casi centenar de exposiciones individuales y colectivas en las que ha participado. La galería El Coleccionista acoge estos días su trabajo de los dos últimos años, pinturas que entroncan con su época de esplendor de los setenta, pero con la sabiduría acuñada desde entonces. Pregunta. ¿Se interesan los madrileños por la pintura?Respuesta. No demasiado, quizá porque hay poca educación pictórica. A los madrileños les encanta acudir a las inauguraciones pero, el resto de los días las galerías, suelen estar vacías.

Exposición de Trinidad Fernández

Galería El Coleccionista (Claudio Coello, 23). Hasta el 6 de abril.

P. ¿Cómo se enseña a amar la pintura?

R. Del mismo modo que se fomenta el gusto por la literatura o el cine. Observo en la gente una especie de miedo, de excesivo respeto a entrar en una galería. Sin embargo, cuando se organiza una gran exposición de pintura y los medios de comunicación infórman detalladamente, el público acude en masa porque tiene puntos de referencia, sabe lo que va a ver y lo entiende. El Centro Cultural de la Villa y el Conde Duque organizan muy buenas exposiciones de pintores contemporáneos. Tendría que haber más salas como éstas.

P. En el aspecto artístico, ¿le ha afectado de algún modo su condición femenina?

R . En el árnbito de la pintura, ser mujer es una dificultad añadida porque no hay memoria histórica de mujeres pintoras como sí la hay, en cambio, en el mundo de la literatura y de la música. Incluso en las galerías de arte internacionales, donde se supone que hay menos prejuicios, saben que los compradores no valoran las firmas femeninas.

P. El público que acude a las exposiciones, ¿se interesa también por comprar? R. Estamos en un momento de indiferencia hacia la pintura. Hay una preocupación por vivir sin descanso, viajar sin descanso, comer sin descanso... Se compran cuadros de pintores consagrados, que valen muchos millones, como una forma de inversión. En cambio, las obras asequibles se comercializan mal porque la gente no las encuentra rentables de cara al futuro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de marzo de 1998

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