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TRIBUNA

La recompensa

La chispa. El Barcelona empezó convencido de su buen momento. Con autoridad y buen juego. Movió el balón con comodidad hasta el último cuarto de campo, allí le faltó chispa, no encontró el pase definitivo. Por fuera utilizó la banda izquierda más que la derecha, ya que Figo se movió por zonas interiores. Al contraataque. El Valladolid salió con la intención de jugar al contraataque, por lo que cedió el terreno y la iniciativa. Jugó con tres centrales y dos laterales de largo recorrido. Chema, por la banda derecha, fue el que más se prodigó y el que más peligro creó.Menos orden. El Barcelona no se alteró con el gol. No tuvo demasiado orden en las posiciones pero fue dueño absoluto del balón hasta la última fase del primer tiempo. Algunos errores en la entrega en su propio campo mostraron sus debilidades defensivas provocadas por las subidas de Sergi y el marcaje individual de Bogarde sobre Víctor.

Mejor colectivamente. En la segunda mitad, el Valladolid, muy pendiente de tapar el centro, debilitó las bandas y empezó a tener problemas. Con balón, sus acciones eran muy individuales, lo que le restaba poder ofensivo. Cuando recuperó el juego colectivo, el partido volvió a abrirse.

Figo. Con el orden perdido comenzó la segunda parte. Todos los ataques acababan de forma previsible en los pies de Sergi y sin ningún peligro. Ante la perspectiva, Van Gaal movió el banquillo y fijó algunas posiciones. Con el empate el partido se agilizó y el balón fue de área a área. El Barcelona perseveró con insistencia hasta el final buscando el gol de la Liga. Figo, el mejor de su equipo, lo encontró.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de marzo de 1998