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FÚTBOL 24ª JORNADA DE LIGA

El Deportivo se apiada de Heynckes

El conservadurismo de los coruñeses facilita el empate del Madrid, que falló un penalti en el último minuto

Todo estaba preparado para el anunciado funeral futbolístico de Heynckes: el Madrid, al borde del caos, y el Deportivo, impulsado por el talento de Fran y Djalminha, sembrando el pánico en cada acometida sobre el área de Cañizares. Pero los coruñeses se apiadaron del técnico alemán. O, para ser más precisos, su colega de banquillo. Cuando la superioridad del Deportivo parecía manifiesta, todo el equipo reculó hacia el área para mantener un miserable gol de ventaja. De tanto jugar con fuego el Deportivo salió abrasado. Consintió el empate del Madrid y se salvó de la quema total en el último minuto, gracias a la flaqueza de Savio. El brasileño se echó a temblar cuando el árbitro regaló a su equipo un polémico penalti. El fallo estaba inscrito en la cara de Savio en el instante de encarar el punto fatídico. Y el balón se perdió en el cielo de Riazor. Tras vivir contra las cuerdas la mitad de la noche, el Madrid acabó desperdiciando la ocasión de superar de nuevo al Barca.El Deportivo trató desde el principio de reproducir el mismo encuentro que hace 15 días le proporcionó la victoria contra el Barcelona. Y las circunstancias se empeñaron otra vez en soplar a favor sus intenciones. Los gallegos se acorazaron en su terreno, con un centro del campo de mucha fuerza, a la espera de que la desbordante calidad de Fran y Djalminha abriese al Madrid en algún contragolpe. Y, como hace dos semanas, el Deportivo halló muy pronto el camino expedito. Fue en el minuto 10, en una maravillosa sucesión de paredes entre los dos arrtistas blanquiazules que terminó en el gol de Fran.

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Hasta entonces el partido se estaba jugando en el campo del Deportivo, donde el Madrid se limitaba a manejar la pelota a ritmo funcionarial. A partir del gol, el Madrid entró en una fase de colapso total. Con Suker en Babia, Roberto Carlos poco activo y Redondo y Seedorf perdidos ante el viejo pozo de sabiduría de Donato, el Madrid fue un cúmulo de nervios y torpezas, incapaz de resguardar el balón e inerme ante el recital de Fran y Djalminha. Su impotencia quedó reflejada en un fútbol barriobajero. Como jugar no podían -o no sabían-, los madridistas se dedicaron a repartir estopa ante la irritante benevolencia de Brito Arceo.

El Madrid pareció salir del hoyo en una acción fulgurante, la única jugada trenzada que fue capaz de ofrecer en la primera parte. Esta vez Morientes ejerció de asistente para que Víctor sorprendiese por la espalda a la defensa. Pero el espejismo se disipó tan fugazmente como vino. En la jugada posterior el Madrid perdió un balón en su propio campo y permitió a Djalminha alcanzar el borde del área. El brasileño levantó la cabeza, midió la posición de Cañizares y la distancia a la portería, y con la tranquilidad de quien despacha un trámite, conectó un disparo a la escuadra que pareció teledirigido por un hilo invisible. Riazor estalló de alegría y asombro.

El Madrid ofreció en la reanudación síntomas de una leve mejoría. Heynckes había hecho un cambio de posición bastante extraño en apariencia: Jaime, el chico para todo, se fue al centro de la defensa y cedió el lateral derecho a Karembeu. La zaga no mejoró con la permuta pero el francés se encontró con un carril para subir, y sus incorporaciones inyectaron cierto vigor al Madrid.

A partir de ese momento, el Deportivo hizo todo lo posible por permitir la resurrección del Madrid. Dimitió del partido. Todo el equipo se amontonó frente al área. De ahí hacia arriba, la inmensidad y Abreu, más torpe que nunca. Heynckes se acordó de que Savio calentaba banquillo mientras Suker paseaba su patetismo por el césped. El brasileño pareció el hombre providencial cuando cedió el empate a Morientes. Pero emborronó su expediente en el último minuto. Savio se derritió bajo el peso de la responsabilidad y mandó el penalti a alguna galaxia lejana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de febrero de 1998