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FÚTBOL 22ª JORNADA DE LIGA

'Vía crucis', cuarta estación

El contragolpe le basta al Deportivo para ridiculizar a un impotente Barcelona

Al principio, al final o en el medio de los partidos: el Barcelona sigue inmerso en un calvario. Ayer saltó a Riazor con el liderato esperándole tras el nuevo fiasco del Madrid, pero las expectativas azul grana se derribaron en dos minutos, el tiempo que tardó el Deportivo en hallar el primer agujero en su defensa. Frente a un rival que a partir de ese momento se amuralló para tratar de sorprenderlo por la espalda, el Barca ofreció un ejercicio de impotencia que derivó en bochorno cuando en los minutos finales el Deportivo, bajo la batuta magistral de Fran, ensanchó el marcador.Esta vez el hachazo llegó al principio. Corría el m. 2 y el Barça estaba con un hombre menos por una momentánea lesión de Bogarde. El Deportivo no esperó para sacar provecho del agujero en la defensa visitante. Bonnissel y Fran se pasearon como si tal cosa por el área y el asunto empezó a tomar un cariz muy feo para el Barca. Tan feo que Fran fusiló a Hesp sin que nadie acertase a estorbarlo.Hay algunos entrenadores expertos en pregonar majaderías que luego quedan en evidencia. Corral, el técnico deportivista siempre se ha ufanado de su hipotético gusto por el fútbol de ataque. En estricta coherencia con esos principios, ayer sembró al equipo de futbolistas defensivos: cuatro zagueros, tres centrocampistas de contención y todo lo demás al albur del talento de Fran y Djalminha, y a la ingrata pugna en solitario de Abreu. Nada hay en ello de ilegítimo y hasta hay que reconocer que la estrategia le salió bien a Corral. Lo que resulta menos presentable es que alguien se coloque la etiqueta de ferviente partidario del espectáculo y luego haga lo que casi todo el mundo.

Pero el azar sopló a favor de la propuesta amarrona de Corral. Con el marcador favorable, el Deportivo pudo aplicar la fórmula hasta sus últimas consecuencias. Cedió el balón al Barça, se juntó en tomo al medio campo y se entretuvo esperando que el transcurrir del juego le deparase la ocasión del contragolpe. El Barça se empantanó ante la solidez de su adversario. Expuso sus vergüenzas sin rubor -en especial, la incompetencia de Reiziger y Bogarde para jugar la pelota- y aunque manejó el cuero con cierta propiedad, se extravió casi siempre entre la nutrida maraña deportivista. A falta de delanteros natos, el Barça sólo fue capaz de llevar peligro cuando se encontraron Giovanni y Rivaldo.

Van Gaal se vio contra las cuerdas recién iniciada la segunda parte y recurrió al aura salvadora de Pizzi. El Deportivo siguió reculando mientras las intenciones del Barça encallaban al borde del área. Cuando más intensa parecía la presión azulgrana, sonó la flauta para el Deportivo. La flauta de Fran, claro, combinada con el oportunismo de Abreu. La parte final del encuentro volvió a ser un tormento para el Barça, ilustrado con el tremendo desconcierto de su defensa que propició el tercer gol local. Pizzi apareció demasiado tarde y Van Gaal cumplió en Riazor la cuarta estación del vía crucis que se inició en Salamanca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de enero de 1998