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Tribuna:CIRCUITO CIENTÍFICO

La cooperación en la I+D empresarial

Fomentar la investigación en la empresa ha sido un objetivo de las políticas científicas y tecnológicas que no siempre ha estado asociado a la promoción de la colaboración en la I+D. Entre las motivaciones de estas políticas se han encontrado tanto el escaso esfuerzo investigador de las empresas como su limitada utilización de los recursos científico-técnicos de las universidades y los centros públicos de investigación (CPI).En este último apartado, el énfasis de las políticas españolas se ha puesto en la colaboración de las empresas con las universidades y los CPI, otorgándole una importancia estratégica. Sin embargo, la necesidad de promover la colaboración en la I+D de las empresas no se ha situado en un contexto más amplio.

La publicación por el INE de los primeros resultados de la Encuesta sobre innovación tecnológica en las empresas, 1994 nos ofrece la oportunidad de analizar los patrones y las formas de la cooperación en' la I+D de las empresas españolas. El primer colaborador de la empresa en I+D son otras empresas (clientes, proveedores, consultores ... ). Los datos confirman la asociación entre el número y la diversidad de colaboradores en la I+D empresarial y el tamaño de la empresa. Las de menor tamaño colaboran casi en exclusiva con otras empresas, mientras que la cooperación con la universidad y los CPI aumenta paralelamente con el tamaño empresarial. En la colaboración con la I+D empresarial las universidades y los CPI juegan un papel importante; sin embargo, el actor esencial son otras empresas. La pregunta que surge es si no sería conveniente un mayor esfuerzo público en promover la I+D cooperativa, especialmente entre empresas, que diese a éstas las mismas oportunidades de cooperar con una empresa española que ya tienen de cooperar con empresas europeas bajo esquemas como el programa marco de I+D o Eureka.

Una segunda conclusión que emerge de los datos es que, en las colaboraciones en la I+D de las empresas españolas, la cooperación con las universidades españolas representa un porcentaje sorprendentemente limitado. Mientras que el 76,6% de las empresas que colaboran en la I+D tiene socios españoles, sólo el 64,4% de las empresas que colaboran con universidades tiene a una española como socio. ¿Cuáles son las motivaciones que hacen que las empresas españolas, cuando colaboran con las universidades en la I+D, lo hagan con las de fuera de nuestras fronteras? ¿Es una cuestión de calidad? No parece probable. ¿De costes de la colaboración? ¿Es la actitud de los universitarios españoles? Sin duda, los datos abren un campo de reflexión para las autoridades universitarias y para los académicos españoles.

La potencia de un sistema nacional de innovación depende no solamente de la realización de actividades de I+D de forma aislada por las empresas. La innovación es el resultado complejo de las interacciones, intercambios y colaboraciones de las empresas entre ellas, con otros actores del sistema de I+D, en el contexto institucional español. Existen ya experiencias en la política científica y tecnológica española de apoyo a la cooperación en la I+D. Sin embargo, éstas aún son limitadas y no otorgan a la colaboración entre empresas el papel central que tiene en el desarrollo de la innovación y en la consolidación del sistema español de innovación. La pregunta obligada es: ¿tiene la promoción de la cooperación en I+D, especialmente la colaboración interempresarial, el lugar que merece en las políticas españolas de ciencia, tecnología e innovación?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 31 de diciembre de 1997