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FÚTBOL DECIMOTERCERA JORNADA DE LIGA

Montoya aglutina al Merida

El Mallorca chocó repentinamente contra el portero argentino

El mono Montoya voló sobre el estadio Romano José Fouto y se reencontró con el público De hecho puso la guinda a un partido inquieto, incontrolado, áspero, escaso de fútbol pero con muchas oportunidades para ambos contendientes. Montoya tuvo un inicio de campeonato titubeante, incluso escuchó pitos. Parecía un despropósito en un equipo necesitado de solvencia y experiencia. El mono es un portero extravagante pero tranquilo, con una capacidad enorme para levantar pasiones y que genera confianza entre los suyos. En Almendralejo fue uno de los grandes revulsivos para un grupo que parecía entregado. En Mérida comienza a tener peso específico. Suma ya cuatro encuentros imbatido en casa, lo que se traduce en 10 puntos. Una renta nada despreciable.Ayer el Mérida de Jorge d'Alessandro repitió la lección que se tiene bien aprendida. Discreción, paciencia y fuerza. Una propuesta laboral sensata en un conjunto humilde que va pacientemente a lo suyo. El Mallorca llegó cargado de incertidumbre, con un otoño que le pasa factura después de haber sido encumbrado. Solucionó discretamente un partido en el que Héctor Cúper restituyó en el once inicial a Palhinha. Sirvió para dotar al conjunto balear de mayor glamour ofensivo.

De entrada, ambos equipos utilizaron los mismos argumentos. Golpes largos de balón, contundencia defensiva y poquita organización. Fue un toma y corre con el juego descontrolado, sin un dominador nato. Hubo poca confianza por ambas partes. Sinval por los locales, y Palhinha y Valerón por el Mallorca trataron de poner un poco de responsabilidad y sentido. El Mallorca lo tuvo más claro. La actitud pasiva de Radchenko y Gabri, asfixiados en su propia incapacidad de movimientos, permitió a Mena, Romero y Engonga abrir el partido, llanear sin obstáculos y entregar el relevo a Palhinha y Valerón.Amato se colocó en sitio preferente, basculó. y abrió puertas.

Fue una interpretación práctica, porque el Mérida insistió en una transición lenta y el rival le presionó en origen, bloqueó con diagonales en las bandas y los locales eternizaron sus salidas. Amato encaró puerta, Palhinha y Valerón apoyaron, arriesgaron y permitieron, incluso, la llegada cómoda de Mena, Olaizola y Romero. Pudo Amato culminar la faena tras un pase de lujo del brasileño, pero tampoco.

Pero el Mérida tiene la virtud de no alterarse. Una frialdad tan encomiable como peligrosa, si jugadores poco dados al toque se empeñan en el pase corto. El grupo de d'Alessandro ni brilla ni entusiasma, pero no se descompone. Soporta llevar el partido a remolque y esa fuerza mental termina pasando factura al rival. El Mérida se fajó en constancia y esfuerzo y el Mallorca se desgastó. Pudieron, incluso, los locales inclinar el resultado de su lado. Hubiera sido injusto, tanto como que venciera el Mallorca después de una segunda parte tan mediocre. Montoya puso las cosas en su sitio con tres espléndidas acciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de noviembre de 1997