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FÚTBOL DECIMOTERCERA JORNADA DE LIGA

El Atlético sigue en una fase gris

Un penalti y la salida tardía de Ortega salvan a los rojiblancos ante el Valencia

Dice el resultado que el Atlético salió del bache. Pero no. Conquistó una victoria trabajada ante el Valencia con el mismo juego gris de los últimos días, con similar escasez de ideas, con parecida inseguridad en sí mismo Sufrió, lo pasó mal y dejó la alarma aún encendida. El encuentro se movió por donde quería el Valencia, que tardó en darse cuenta de que son, los buenos futbolistas los que rompen la mayoría de las citas, también aquellas, como la de ayer, que sé pretenden ganar antes corriendo que jugando. Ranieri no sacó al césped a Ariel Ortega hasta la segunda parte y lo pagó.El técnico italiano dio un aire totalmente físico al Valencia. Retiró de la alineación todo aquello que oliera a toque, a manejo de balón, y la llenó de atletas. Ya no es que se quedara en casa Romario, es que Ortega pasaba frío en el banquillo. El Valencia intentó buscarse la vida en el Calderón a partir de la pelea constante y de un modelo táctico muy a lo Espanyol -el único equipo que ha conseguido ganar al Atlético por estas tierras hasta ahora-, es decir, tratando de ahogar a los rojiblancos, en su salida con una presión individual que afectaba tanto al portador del balón como a los posibles receptores.

Contra este tipo de entramados el mejor antídoto es separar a la gente y arriesgar- un regate, que, dada la aceleración con la que te llega el rival, tampoco resulta demasiado complicado. Si el quiebro triunfa, la jugada va saliendo sola: de manera escalonada van 'surgiendo huecos, y ,compañeros desmarcados. Eso hizo el Atlético media docena de veces y le salió bien. Pero Piojo López dio el primer susto (cuando el regate inicial, no sale el peligro es verdadero) y los rojiblancos ya no dejaron de temblar. Nadie se atrevió ya por esa vía: se buscaron soluciones más cómodas pero menos efectivas y el Valencia salió triunfante. Siempre aparecía una pierna, especialmente la de Mendieta, para recuperar la pelota.

El Atlético se reencontró con su fragilidad. Ya no es el conjunto de comienzos de Liga. Se ha ido deshaciendo poco a poco, paso a paso, línea a línea. Empezó por sentir agujeros en defensa y sus problemas han ido extendiéndose a todos los rincones del equipo. Parece cansado, agotado. Ha perdido tanta claridad como autoconfianza. Y ya queda muy poco de aquel todos a una de principios de curso.

Los problemas del Atlético se recrudecieron, paradójicamente, tras encontrarse con el primer gol: un regalo de Soria que la electricidad de Juninho y el oportunismo de Bogdanovic convirtieron en oro. Se tiró atrás el Atlético a partir del 1-0 y entregó el balón al Valencia, a la espera de uno de sus mortales contragolpes. Su actitud no pasó mayores gracias al rival, que, castigado por el perfil de su alineación, no supo qué hacer con la pelota. Los asistentes de Japón Sevilla, enfrascados en una competición por sancionar fueras de juego dé todos los colores, se encargaron de afear más la contienda.

Hasta que, tras el descanso, apareció Ortega y se inventó otro partido. Su sola presencia, su extraordinaria relación con la pelota, transformó al Valencia. Cada intervención del Burrito puso un nudo en la garganta del Atlético.. De las botas del argentino, en un pase sublime al primer toque con el exterior del pie, llegó el empate.

Estaba herido el Atlético. Tanto, que Antic se vio obligado a reconstruir un conjunto a la defensiva. Para ayudar a bloquear el juego entre líneas del Burrito metió a Bejbl y retiró a Lardín (lo que le costó su primera gran pitada en el Calderón). Y justo cuando peor color tenía el Atlético, Japón Sevilla sancionó un penalti redentor. Probablemente lo fue, pero de producirse en la acera contraria Gil habría hablado de conspiración. Juninho puso por del ante a los suyos en el mejor momento posible.

El Atlético se despertó, sobre todo porque Kiko decidió atarse los machos, y el encuentro se volvió trepidante. Giró hacia un ritmo tan frenético que, aunque no generó sobrecarga de ocasiones, sí dio la sensación de que podía vencerse hacía cualquier lado. Y lo hizo, porque así quiso Kiko, hacia el del Atlético: un reverso insospechado, gol de Pantic y asunto resuelto.

La jornada, gracias a los pinchazos ajenos, dejó al Atlético con cara de triunfador. Rompió su bache de resultados y pegó un salto hacia la cabeza de la tabla. Pero el juego de los rojiblancos conservó el mal sabor dejos últimos días. La noche acabó peor para, el Valencia, que se. sintió con argumentos suficientes para reclamar un mejor desenlace. Por eso se fue del Calderón maldiciendo el dichoso penalti y preguntándose por qué demonios Ariel Ortega no habría salido antes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de noviembre de 1997