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'Seiscientos' con mucha marcha

Medio centenar de estos pequeños coches recorren cien kilómetros por la sierra

El cromado de la mimada chapa de 50 Seat 600 brillaba ayer bajo el sol de la mañana. En fila india trazaban las cerradas curvas de las carreteras de montaña. Era la primera marcha de seiscientos de la sierra norte de Madrid. Estos vehículos son auténticas reliquias rodantes a las que aún les queda mucha marcha, y ayer lo demostraron en un viaje por la nostalgia.Salieron de los garajes más recónditos de la Comunidad. Un total de 35 arrancaron en el paseo de Camoens, en la capital, a las 10.30 horas, y otros 15 se juntaron a la marcha en Torrelaguna una hora más tarde procedentes de Lozoyuela, Guadalajara y hasta de Zamora. Los propietarios de los seiscientos los miman como a hijos y no se lo piensan ante cualquier convocatoria para reunirse.

La Primera Marcha de 600 Sierra Norte de Madrid recorrió ayer, en algo más de dos horas, 100 kilómetros. A lo largo del trayecto, los conductores hicieron tres paradas para estirar las piernas: Torrelaguna, como punto de reunión, el embalse de El Atazar y las tumbas celtas de la localidad de Siete Iglesias. La línea de llegada estaba en Lozoyuela, donde concluyeron el congreso con una comida final.

Los vehículos levantaron gran expectación a su paso. La gente se preguntaba si aún seguían vivos estos coches. Y así lo pudieron comprobar. Joaquín Escudero,el presidente del Club 600 de Madrid (80 socios), hacía de coche liebre de la marcha ayer.

Ya no se hacen coches como éste. Ahora te duran unos diez años, pero éstos tienen casi cuarenta y aquí siguen". explicó. Este es el mejor coche para conducir tranquilamente y disfrutar del paisaje", comentó uno de los participantes, Juan González, de Lozoyuela. González tiene un grato recuerdo del seiscientos porque con el primero que tuvo -ha tenido tres- se hizo 40.000 kilómetros de viaje de novios por el norte de España.

Los seiscientos costaban 65.000 pesetas a principios de la década de los sesenta. Había que encargarlos en el concesionario y esperar dos años hasta la entrega. Por eso salía más caro comprarlos de segunda mano.

"Hasta había profesionales que los compraban nuevos y los revendían más caros", explicó con admiración Escudero. Y es que los propietarios de los seiscientos los miman como a hijos y buscan cualquier pretexto para reunirse y compartir su fanática afición.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de noviembre de 1997