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FÚTBOL: COMPETICIONES EUROPEAS

Al Madrid le sobró desgana

El equipo de Heynckes tuvo poco ánimo y escasa pegada frente a un rival muy flojo

El Madrid jugó sin convicción ni intensidad un partido que tenía trascendencia. Dejó pasar una victoria vital para su clasificación y para recuperar el crédito que ha perdido últimamente. Frente a un rival que confirmó su mediocridad, al Madrid le faltó ánimo para llevarse el partido por delante. Y no tuvo interés por concretar en números su superioridad sobre el Olympiakos.La debilidad del Olympiakos evitó cualquier problema al Madrid. Jugó tranquilo, al borde de la desgana, al paso. Fue un partido sin perfiles porque así lo quiso el Madrid, que bajó el pistón y tocó. Lo hizo con la simple intención de mantener la pelota y sacar al Olympiakos del partido. Tampoco era tan difícil. El Olympiakos no necesita ayudas para salirse de los partidos. Jugó tan mal como en Madrid. Así las cosas, el resultado dependió de lo que hizo el Madrid, que fue muy poco.

Al equipo de Heynckes le faltó fútbol y contundencia en la primera parte. Tuvo cuatro llegadas y- no aprovechó ninguna. Fueron ocasiones bastante sencillas, al alcance de la puntería de jugadores como Raúl, Mijatovic y Suker. Pero no marcaron y dejaron abierto un partido que el Madrid llevaba de la mano.

El Olympiakos no hizo otra cosa que esperar un golpe de fortuna o un error de los defensas madridistas. Por si mismo, el Olympiakos se encontró con unas dificultades inmensas para generar algo de fútbol. Su mediocridad fue absoluta. Sin clase, sin potencia, sin velocidad, sin determinación.... Una cuenta demasiado larga de defectos. El Olympiakos no alcanza para jugar en un torneo tan prestigioso como la Copa de Europa.

Frente a su alborotada actuación ante el Barça, el Madrid decidió utilizar la vía tranquila. Jugó con cierto aseo, pero sin gancho, con mucha elaboración en el medio campo, donde Redondo dirigió con poca soltura las operaciones. A diferencia de los últimos partidos, Raúl se acercó a Redondo para colaborar en la construcción del juego. Seedorf y Ze Roberto también andaban por allí, sin demasiado interés para proyectarse por los costados. Entre los errores del Madrid -uno y bastante notable fue su desangelada aparición en el segundo tiempo- figuró su desafecto por las alas.

El Madrid ayudó al Olympiakos con tanta llegada por el medio, algo habitual en los últimos tiempos. De esta manera el equipo se ve obligado a jugar entre rendijas, en espacios pequeños y, por lo tanto, con poca capacidad para sorprender. Sin embargo, el Madrid se sintió bastante cómodo y fue el único que tuvo oportunidades. El Olympiakos sólo discutió por una acción entre Cañizares y Gianikopulos, que entró como un tiro y cayó en el mano a mano con el portero. Pareció penalti con todas sus consecuencias: el portero expulsado, la posibilidad del primer gol y un partido que se complicaba en el minuto cinco. Pero el árbitro no interpretó el asunto como falta y el Madrid eliminó un problema muy grave. Más tarde, cuando el partido se terminaba, Redondo perdió de forma ingenua el balón y Anatolakis perforó la línea defensiva del Madrid y cayó derribado en el área por un empujón de Jaimes. Pues tampoco. El arbitro dijo otra vez que no. 0 sea que el Olympiakos tuvo material polémico para reclamar, pero de fútbol, nada.

Las mejores ocasiones del Madrid se produjeron en el cuarto de hora inicial. Raúl cabeceó mal un centro de Mijatovic y poco después levantó el balón por encima del larguero tras un buen pase de Karanka. Mijatovic tampoco marcó frente al portero y poco a poco el Madrid comenzó a alejarse del área griego. El partido se fue después al medio campo, donde el Madrid tenía la pelota y poco más. Seedorf se mostró especialmente espeso.

La sustitución de Seedorf por Víctor se justificó por lo que sucedió después. Víctor se colocó junto a la raya derecha y la utilizó con buen criterio. El Madrid comenzó a despejarse, a encontrar soluciones lógicas para llegar al área y a crear problemas. La oportunidad más notable fue un excelente tiro de Raúl que rechazó con mucho estilo el guardameta. Fuera de eso, no hubo mucho más: un partido leve, de juego mediocre, sin interés. Un partido que el Madrid dejó pasar de largo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de noviembre de 1997