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Tribuna:

Digo Diego

En un riguroso trabajo titulado Accountability and Manipulation; del que todavía no hay versión española, José María Maravall estudia -entre otras cosas- las consecuencias electorales que tiene para los partidos en el Gobierno el incumplimiento de sus promesas. En las antípodas de ese enfoque académico, Luis del Val y Ángeles Afuera han reunido una bienhumorada selección de faroles, faltas a la palabra dada y desmentidos de los principales actores de nuestra vida pública desde los comienzos de la transición; frases como "Occidente sí, OTAN no" pronunciada por Javier Solana en 1982, o "me comprometo a nombrar un director general de RTVE independiente, de prestigio y no militante del PP", dicha por José María Aznar en 1994, pertenecen a esa divertida antología.

Donde dije digo... (Temas de Hoy, 1997) clasifica los desdecimientos de los políticos en cuatro apartados esdrújulos: enfáticos (rotundos), escépticos (incrédulos), diuréticos (aliviadores) y espásticos (dramáticos). Los arrepentimientos juveniles de Anguita fueron espásticos: la renuncia a profesar como fraile carmelita y la pérdida de la fe católica, el forzado abandono de la vocación militar y el estudio obligado de la carrera de magisterio, la desilusión, con las creencias falangistas y su sustitución -poco antes de morir Franco- por el marxismo-leninismo...

Esos episodios de la temprana madurez de Anguita están bien documentados en dos libros autorizados por el propio biografiado: José Luis Casas, El último califa (Temas de Hoy, 1990), y Fernando Jáuregui, Julio Anguita (Grupo de Hoy, 1992). Sus posteriores arrepentimientos no resultan, sin embargo, de tan fácil reconstrucción. El más célebre incumplimiento de Anguita como político profesional fue su aceptación del cargo de secretario general del PCE -en el XXII Congreso, de febrero de 1988- pocas horas después de haber proclamado en rueda de prensa su inquebrantable propósito de no admitir esa oferta. Luis del Val y Ángeles Afuera transcriben esas solemnes palabras luego desmentidas: "Yo reflexiono mucho las cosas, pero cuando tomo una decisión es irrevocable. Irrevocable, ésa es la decisión. I de inglés, erre de perro...". Pero tal vez el desdecimiento más grave de Anguita haya sido, a la vista de las consecuencias, su patética incapacidad para garantizar, como coordinador de Izquierda Unida (IU), el pluralismo de una coalición abierta en teoría a todas las corrientes comprometidas con el socialismo y la emancipación humana. Porque la inquisitorial sesión celebrada el pasado fin de semana por el Consejo Político de IU bajo la presidencia de Anguita confirmó la expulsión de, Nueva Izquierda (PDNI), la ruptura con Esquerda Galega (EG) e Iniciativa per Catalunya (IC) y una depuración organizativa en Castilla-La Mancha y Cantabria.A veces quienes dicen Diego después de haber dicho digo ni siquiera son conscientes de sus incongruencias. Así, Anguita -tal vez el político en activo más faltón y agresivo con sus críticos- presume de no insultar nunca a nadie y de comportarse cortésmente con los adversarios. Aunque el secretario general del PCE repite una vez y otra vez esa autocomplaciente jactancia, difícilmente compartirán su opinión las personas a las que injuria habitualmente: los periodistas del grupo PRISA descalificados como manipuladores, los socialistas acusados de corruptos y asesinos, los magistrados del Supremo denunciados como presuntos delincuentes o los dirigentes del PDNI y de IC motejados de traidores. Pero ni siquiera los trabajadores se libran a veces de la lengua de fuego del coordinador de IU; Fernando Jáuregui entrecomilla en su biografía antes citada (página 126) la siguiente muestra de la finura dialéctica de Julio Anguita y de sus revolucionarias aportaciones a la teoría de la lucha de clases: "Como yo no soy una beata del marxismo, no me da miedo decir que hay mucho obrero hijo de la gran puta y mucho capitalista mártir".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de octubre de 1997