3.000 vallecanos piden el desalojo de La Rosilla

Los vecinos del pueblo de Vallecas salieron ayer a la calle para protestar contra la droga, el deterioro del barrio y el asentamiento marginal de La Rosilla, también conocido como Los Pitufos. Unas 3.000 personas recorrieron, el distrito durante una hora. Familias enteras, ancianos, niños, comerciantes y deportistas vestidos con chandal se sumaron a la, protesta, cargada de rabia e indignación. A lo largo de la marcha. 1.200 establecimientos del barrio echaron el cierre, según la asociació de comerciantes."No más guetos en Vallecas, Stop a la droga. Por un distrito seguro", tras una enorme pancarta con ese lema se inicio la manifestación convocada por las asociaciones de vecinos, comerciantes e industriales. Los vallecanos repitieron en la marcha dos consignas: "Vallecas sí que mola, pero sin droga" y "Deporte, cultura, la droga a la basura".

Los portavoces vecinales reclamaron durante la marcha acciones "duras y coherentes" para-el desmantelamiento del poblado de La Rosilla, uno de los puntos de venta de droga sometido en junio al cerco policial. "Ese poblado es una sucursal de venta de droga y eso se ha puesto de manifiesto durante la operación emprendida por la Delegación de Gobierno. Hay que reubicar a esas familias de acuerdo con un plan racional", señaló con enojoPedro Fraile, presidente de la Asociación de Vecinos de la Colmena.

Los vecinos se oponen además a la ampliación del asentamiento situado en la carretera de Villaverde a Vallecas que alberga a 137 familias. El Consorcio para el Realojamiento de la Población Marginada ha construido 49 nuevas viviendas prefabricadas para acogerá nuevas familia.

Pedro Fraile también denunció la intención de las autoridades de construir un nuevo asentamiento en el kilómetro 11 de la carretera de Valencia. "Los realojos deben ser equitativos entre todos los distritos y en ellos debemos de participar también nosotros", señaló un portavoz de la Asociación de Vecinos la Torre y el Rosario.

Durante la manifestación, los vecinos relataban sus temores. "La gente no pasea tranquila porque a cualquiera le roban", comentaba una mujer. Adela, una madre de 45 años, explicaba su principal temor: "Tengo miedo que la droga se lleve por delante a mis hÍjos". Los manifestantes más indignados eran los comerciantes. "Estoy harto de que me roben", decía el dueño de un ultramarinos. "Me han asalto seis veces", agregaba.

Jesús Barahona, presidente de los 1.200 comerciantes del barrio, relató que los tenderos están asustados: "Hay robos de día y de noche. Los comerciantes no están seguros".

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