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CARTAS AL DIRECTOR

Música, por favor

Pertenezco a una generación, ahora tengo 51 años, para la cual la música fue un lenguaje a través del cual accedimos a la belleza, al amor y a las grandes cosas de este mundo. No únicamente la música clásica, sino también y sobre todo la música pop, que entonces vivía sus albores. Me es toy refiriendo a los Shadows, por ejemplo, Elvis Presley, Brothers Four y todo aquello. El caso es que la música salió de las salas de conciertos y bajó a la calle, se popularizó y, a través de los discos, llegó a todo el mundo. Todos pudimos disfrutar de ella. En Madrid, por cierto, se produjo un fenómeno estupendo, con los conciertos del Circo Price y otros también maravillosos. La música pasó a las discotecas y allí conocimos a nuestros compañeros o compañeras, mientras la música seguía cumpliendo aquella función de comunicar a unos y otros. Pero, hete aquí que llegan los años previos a la transición y las discotecas adoptan la costumbre de elevar el sonido hasta extremos que bloquean, completamente, la intercomunicación en las salas de música. Desde entonces es imposible escuchar música en las discotecas. ¿Por qué razón nadie se ha planteado moderar la música en las discotecas, ni en los conciertos? ¿Es subversivo que los jóvenes se comuniquen, se conozcan, quizá que se amen? Ya va siendo hora de que este tachunda ensordecedor acabe, por el bien de todos.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de julio de 1997