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Cartas al director

Los abonos del Real

La inicua forma en que se ha procedido a vender los abonos de la temporada de ópera deja patente cuál es la manera de entender el fenómeno cultural que anima a la derecha gobernante. La fiebre neoliberal de la señora ministra de Cultura se traduce en la consideración consecuente de que la ópera, como cualquier hecho cultural, no es sino un "producto" que, como tal, se ofrece al mercado y se gestiona desde presupuestos exclusivamente económicos Por ello, la venta del "producto" se ha llevado a cabo mediante una distribución rápida y eficaz; los abonos se han ofrecido a grandes empresas, asociaciones, agencias de viajes e intermediarios. El pequeño resto se ha comercializado a través de Cajamadrid por el sistema de venta telefónica.Lógicamente, los ciudadanos que hemos intentado confiadamente adquirir nuestro abono por teléfono sólo conseguimos escuchar la voz amable de la operadora anunciándonos, ¡hasta las doce de la noche!, la sobrecarga de la línea.

En definitiva, el simple aficionado a la ópera que no pertenece a asociación alguna ni tiene acceso a los altos cargos de las grandes empresas o grupos económicos influyentes no irá al teatro Real.

Forzoso es recordar que en épocas pasadas, cuando otros criterios regían la política cultural, los abonos se distribuían por riguroso sorteo ante notario y listas públicas de adjudicatarios. Tal criterio, desde luego, obedecía a una consideración del fenómeno próxima a la idea de servicio público -hoy nefanda para nuestros gobernantes- que en su mayor parte se financia con los impuestos de los ciudadanos.

La eficiencia del mercado hará que el Real sea patrimonio de quienes solía: la alta burguesía y los figurones de las revistas del corazón. El ciudadano aislado estará, como en todo, a la espera de las migajas que caigan del banquete de los poderosos para contar a nuestros nietos, como mi abuela me decía: "Yo estuve una vez en el Real".-

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