Entrevista:

"Lo peor que tiene Madrid son las aceras llenas de chirimbolos"

Dice el diseñador Oscar Mariné que Madrid le mata. Su obsesión por universalizar la ciudad en la que nació hace 45 años le ha llevado a aceptar el encargo de la marca Swatch y diseñar un reloj para Madrid. Es el último homenaje a esta ciudad de este comunicador. Ha viajado por medio mundo, ha vivido en Nueva York, Bélgica, Holanda y Alemania, ha realizado todo tipo de trabajos publicitarios, pintado carteles y portadas para directores de cine como Julio Medem, David Trueba o Alex de la Iglesia, o las carátulas de los discos de Siniestro Total y Los Rodríguez. En su currículo aparece también como fundador de la revista Madrid me mata, santo y seña de aquellos que por los años ochenta vivían de noche y dormían de día.Pregunta. Menuda obsesión tiene usted con esta ciudad.

Respuesta. Verdaderamente es una obsesión. Me gusta, aunque tengo una relación de amor-odio. Me voy temporadas, pero siempre vuelvo a casa. Vivo aquí por elección, porque me gusta la gente y, sobre todo, porque tiene una luz muy limpia y sugerente. Me encanta.

P. Algo malo tendrá.

R. Claro que tiene cosas que son criticables, pero eso también forma parte de su encanto. Por ejemplo, tiene muchas obras y la ciudad está siempre empantanada, pero ese punto caótico me gusta.

P. ¿Cual es su aportación a Madrid?

R. Tengo una especie de vocación, que es contar a través de mi trabajo y con imágenes y símbolos cómo es la ciudad, sobre todo fuera de España. Pero lo más difícil es explicárselo a los de aquí.

P. ¿Por qué?

R. Porque pasa como en los toros, que el público madrileño es muy difícil y exigente. Estoy convencido que este reloj que acabo de diseñar funcionará muy bien en ciudades como Nueva York o. Londres, y que aquí le costará un poco más.

P. Sobre todo porque usted, en su diseño, ha apostado por la vida nocturna, de bares y copeteo.

R. Creo que es lo que más se conoce de nosotros, es lo que hemos exportado, sobre todo cuando hubo una época en la que Madrid estuvo muerta y la gente empezó a hablar de la famosa movida de los años ochenta. Ahora vivimos un momento espléndido en esta ciudad.

P. ¿Prefiere la noche al día?

R. Sin duda, es más mágica, más poética. El día tiene las famosas obras, la gente trabaja, y a mí me gusta pasear y vivir la ciudad de noche.

P. ¿Qué cambiaría?

R. Por supuesto que modificaría muchas cosas. Odio las ciudades donde todo está hecho, y aquí está todo por hacer. Lo peor de Madrid son las aceras, llenas de chirimbolos, papeleras y señales, por donde no se puede pasear. Algo que me molesta es que los madrileños no protesten por los atentados estéticos que se cometen contra la ciudad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 26 de junio de 1997.

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