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Cartas al director

Dos citas sobre el deporte

Dos citas que pueden ilustrar el magnífico artículo de Rafael Sánchez Ferlosio sobre El deporte y el Estado (EL PAÍS, 31 de mayo), con la esperanza de que me perdone las veces que, según dice él, he pretendido psicoanalizarle. La primera cita es de un clásico, y muestra que en Grecia no sólo se inventó el deporte, sino también la crítica a su valor "formativo": "Los Juegos son el mayor mal de Grecia", escribe Eurípides. "Los corredores ofrecen un brillante espectáculo, pero al llegar a la edad madura pierden toda su forma y son unos desgraciados. Además, ¿cuándo un corredor o un boxeador han defendido bien su ciudad? ¿O es que tal vez se lucha contra el enemigo con un disco en la mano o haciéndole retirar a puñetazos?".La segunda se refiere al valor del sacrificio, ascesis y esfuerzo personal que el deporte parece representar, y cuya verdadera función se revela en el libro de los mayas, el Popol Vuh, como entrenamiento y, a la par, justificación de los "señores" que pretenden monopolizar el sacrificio de los demás. "Los cuatro señores", nos dice, "se llamaban Tigre de la dulce sonrisa, Tigre de la noche, el Despeinado, y Tigre de la luna". "Los cuatro señores", continúa el Popol Vuh, "nunca estaban ociosos", y, entre la destrucción de un pueblo y la aniquilación de una estirpe, "ellos no se daban al vicio ni a la molicie, sino que ayunaban muchas veces por sus vasallos, practicaban la abstinencia y hacían muchas penitencias, oraciones y ejercicios ante los dioses, a los que nunca dejaban de quemar su copal. En este tiempo de penitencia comían sólo algunos frutos como zapotes, matasanos y jocotes, sin catar tortilla. Trece días ayunaban, y once estaban en oración. Grande era la abstinencia que hacían por sus vasallos en señal del dominio que sobre ellos tenían. De día y de noche permanecían en oración implorando el bien de sus súbditos y de todo el reino. En todo este tiempo no dormían con sus mujeres, hasta que llegaba el vigésimoquinto día".

No es casualidad, creo yo, que estas dos citas sean anteriores o exteriores a la tradición romanocristiana. Pero esto es una sospecha que sólo el propio Sánchez Ferlosio podría aclararnos en otro artículo.-

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