FINAL DE LA LIGA ACB

Aíto, primero de España y segundo de Europel

Aíto García Reneses ganó ayer su séptimo título de Liga en los diez anos que lleva dirigiendo al Barcelona sólo 26 días después de haber perdido su quinta final four. Un bagaje suficiente para ponerle apellidos a su reinado: Aíto, primero de España y segundo de Europa. Muchos se darían con un canto en los dientes. Pero no se admite la frustración permanente en la máxima competición continental en un club en el que sólo falta ese trofeo ya que en fútbol, balonmano y hockey patines se ha ganado todo lo posible.Pero el rechazo a Aíto no proviene tanto de victorias o derrotas como del cúmulo de agravios que pueden esgrimir sus detractores. Aíto no es sólo el técnico del Barcelona. Es el hombre que hace lo que sucede en la órbita del baloncesto azulgrana. Eso es al menos lo que se deja traslucir sin que hasta ahora nadie, incluido el máximo responsable de la sección Salvador Alemany, haya puesto los puntos sobre las íes al respecto. Esta dinámica ha envenenado el ambiente en el Palau Blaugrana en el que el manto protector del presidente del club, Josep Lluís Núñez, es el único y suficiente asidero.

Si un jugador [Sibilio o Solozábal], sale por la puerta trasera, el culpable es Aíto. Si un jugador decide largarse [Galilea o Ferran], no hay otro reo que Aíto. Si uno se declara en rebeldía [Monterol, el malo de la película es Aíto. Si hay que elegir entre el general manager o el entrenador [en 1992 Aíto y Maljkovic], no se ve otra conspiración que la de Aíto. Si la figura juega mal [Djordjevic o Kamisovas en la final de la Euroliga], hay que achacarlo a Aíto. El técnico calla la mayor parte de las veces y cuando habla no hace en muchas ocasiones sino cargar de razones a sus detractores. Todo ello, hasta ahora, ha sido salvado por su matrimonio de conveniencia con Alemany y por la confianza absoluta de Núñez.

Pero esta temporada ha marcado un punto de inflexión. Nunca se le reprobó tanto y tantas veces a un técnico de la casa en el Palau Blaugrana.

Bien es cierto que, una vez quemado el cartucho de Maljkovic, tampoco existen muchas altemativas para lo que pudiera ser el postaitismo. Son ya doce temporadas las que Aíto lleva en el banquillo del Palau Blaugrana con un nivel de resultados del que ningún otro club en Europa puede presumir, pero que parece haber tocado techo por sus constantes topetazos en la competición por la que más se suspira. La Liga, incluso aunque se gane a expensas del Real Madrid, empieza a ser un consuelo. Puestos a buscar una altemativa no habría una elección más ambivalente que la de Obradovic: el técnico que se ha mostrado más hábil en la consecución de lo que le falta al Barcelona -ganó tres Euroligas con el Partizán, el Joventut y el Real Madrid- no ha sido capaz de ganar ninguna Liga ACB. Sería la alternativa más honesta a las carencias que objetivamente se le pueden achacar al historial de Aíto: Obradovic, primero de Europa y segundo de España. Porque todo no se puede tener ¿O sí?

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Sobre la firma

Robert Álvarez

Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona, se incorporó a EL PAÍS en 1988. Anteriormente trabajó en La Hoja del Lunes, El Noticiero Universal y el diari Avui.

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