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CARTAS AL DIRECTOR

Mi padre

Mi padre, Julián Moro Ruiz, tiene 70 años y lleva cinco jubilado Nada especialmente importante o extraordinario le ha llevado nunca a los periódicos. Ni si amor a su familia, ni su respeto a los demás, ni sus grandes ideales políticos... Sin embargo, el domingo, a las 13.15, en el paseo el Coches del Retiro, con mi hija de la mano, yo sentí que merecía por su esfuerzo, trabajo, amo propio y capacidad de sufrimiento (¿qué no le duele a un ser humano de cualquier edad después de llevar corriendo sin desmaye durante tres horas y cuarenta y cinco minutos?) unas palabras de aliento y admiración que no fueran: "Vamos, abuelo". En aquel momento, y entre lágrimas de orgullo, emoción y ternura, para mí no llegaba un abuelo. El que llegaba era un hombre, era m padre, sin edad, sin bolsas en lo ojos, sin sudor y sin la espalda encorvada. Era el mejor ejemplo que sin duda me ha dado nunca de las palabras que de niña me decía. "No importa el esfuerzo lo que importa es la ilusión. Quisiera, desde las páginas de de su periódico, en que al igual que los otros más de cinco mil corredores anónimos no ha sido nombrado ni lo será nunca, decirle: "Gracias por haberlo. intentado".-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de mayo de 1997