_
_
_
_
NECROLÓGICAS

Pamela Harriman, embajadora de EE UU en Francia

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Pamela Harriman, gran dama de la sociedad europea y norteamericana y personaje central en los círculos de Washington, murió ayer en París a los 76 años después de haber sufrido un derrame cerebral el lunes. Embajadora de EE UU en Francia, el presidente Clinton la definió como "una de las personas más extraordinarias y dotadas que he conocido".Nacida en el Reino Unido en una familia aristocrática, se casó a los 19 años, durante la II Guerra Mundial, con Randolph, hijo del primer ministro Winston Churchill, del que se separó al acabar la guerra. Quince años después se unió al productor cinematográfico Leland Wayward. Su tercera y última boda, la que le dio la ciudadanía, fue con el multimillonario norteamericano Averell Harriman en 1971. En su intensa y apasionada vida, Pamela Harriman mantuvo también relaciones con los magnates Giovanni Agnelli y Elie de Rothschild y con el periodista Edward Murrow.

El nombramiento de embajadora fue la coronación de su fructífera labor como racaudadora de fondos para el Partido Demócrata y como introductora de Clinton en la nobleza de Washington. Su habilidad y encanto y su acceso directo a los presidentes Chirac y Clinton sirvieron para superar los escollos de la difícil relación de amor y odio entre Francia y EE UU. Pamela Harriman, que acababa de ser bisabuela -había asistido el fin de semana en el Reino Unido al bautizo de su bisnieta-, estaba preparándose para dejar el cargo y dedicar más atención a su vida personal, empañada últimamente por las acusaciones de los descendientes de Harriman de haber liquidado su herencia.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_