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Atenas, favorita para acoger los Juegos del 2004

Atenas, la gran derrotada para los Juegos Olímpicos de 1996 y ausente para los del 2000, es de nuevo la gran favorita para los del 2004. El sentimiento entre los miembros del Comité Olímpico Intemacional (COI) que deberán votar el próximo mes de septiembre entre las cuatro o cinco ciudades finalistas es el de querer lavar su mala conciencia. La impresión ya existe tras la visita de la comisión de evaluación a las 11 aspirantes aún en liza. Según fuentes de la misma, Sevilla tiene posibilidades de pasar el corte en marzo por su proyecto, pero tanto en ella como en el COI se ha sacado ya una impresión nefasta de su comité organizador. Lo más importante es que le falta un cerebro, algo con lo que sí contó Barcelona, por ejemplo, con su consejero delegado, Josep Miquel Abad, para llevar al triunfo los Juegos de 1992.Premiar a la capital griega como ganadora de la nueva carrera olímpica sería el desagravio a las raíces del olimpismo y compensar así la bofetada a la tradición que supuso la elección de Atlanta en 1990, en Tokio. Atenas, Roma, Sevilla, Estocolmo, Lille, San Petersburgo, Estambul, Ciudad del Cabo, Buenos Aires, Río de Janeiro y San Juan de Puerto Rico son las candidatas de salida que el 7 de marzo quedarán reducidas a cuatro o cinco en Lausana (Suiza). Esta criba se hace para evitar gastos inútiles hasta el final a tantas ciudades. Todo parece indicar que pasarán el corte dos o tres ciudades europeas, una o dos americanas y la única africana, Ciudad del Cabo. Atenas, que se está preparando concienzudamente para los Mundiales de atletismo de este verano, pero sobre todo, de forma bien distinta a como lo hizo para la edición del Centenario, se ha destacado como la gran favorita. Bajo la presidencia de una hábil mujer, Gianna Angelopoulos-Daskalaki, el proyecto no abusa ya del pago a la tradición, es serio, con realidades constructivas y da soluciones a los problemas clásicos de la capital griega: el tráfico y el caos organizativo.

Junto a Atenas, otra vieja ciudad, Roma, pese a haber sido ya sede de los Juegos de 1960, está muy bien vista. Y con otro magnífico proyecto, muy agrupadas las principales instalaciones en La Cartuja, Sevilla puede ser la tercera ciudad europea clasificada, pese al recuerdo de Barcelona. Estocolmo ha presentado el mejor trabajo, pero no tiene apoyo popular, algo sinónimo de descarte; Lille no tiene el atractivo de París y San Petersburgo o Estambul no ofrecen garantías de estabilidad política. Esto, justamente, es lo que ha empezado a perjudicar a la que parecía mejor colocada, la surafricana Ciudad del Cabo, por no haberse celebrado nunca unos Juegos en África. Pero el COI tiene miedo a la etapa post Mandela.

El ciclo de concesiones también favorece que para el 2004 -después de América-Atlanta 96 y Oceanía-Sydney 2000- la sede vuelva a Europa, pero igualmente podría quedarse en Suramérica, otro territorio olímpico virgen. Descartado San Juan de Puerto Rico -que no deja de ser, de nuevo, bastante Estados Unidos-, Buenos Aires o Río de Janeiro, o las dos, podrían llegar hasta el final con opciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de enero de 1997

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