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FÚTBOL - COMPETICIONES EUROPEAS

Pantic escoge al Ajax

Un gol de tiro libre del serbio coloca al Atlético frente a los holandeses en cuartos de final

Tiro libre y gol. O sea, Pantic. Después de un partido pobretón, sorprendente por la falta de autoridad del Atlético, Pantic hizo lo suyo, el trabajo de un especialista que ha ganado unos cuantos partidos para su equipo con su habilidad en los tiros de falta. Fue lo único reseñable del Atlético, que sacó una vertiente imprevista. Jugó mal, sin energía ni ideas, sin ninguna de las cualidades que han convertido al Atlético en un candidato indiscutible al título de campeón de Europa.El orden, que es una virtud capital en el Atlético, se fue al garete en un partido deficiente. El desorden, que es una de las características que define al Widzew, sostuvo al equipo polaco, representante de un fútbol que ha venido a menos en los últimos tiempos. Pasó la época de Deyna, Lato, Lubinsky y Szarmach, jugadores de categoría que pusieron a Polonia en el mapa futbolístico. Ahora apenas quedan residuos de un estilo directo, pero bastante virtuoso. Es como si el fútbol polaco se hubiera esclerotizado. Todo parecía viejo en el Widzew: el diseño táctico, la ausencia de clase, la pobreza de ideas. Sin embargo, el Widzew sacó provecho del contagio que provoca el desorden. Las marcas individuales y la confusión general generaron una situación heterodoxa, imprevista en el fútbol actual, donde el juego del Widzew no se lleva.

El Atlético se quedó empantanado en la primera parte, sin recursos para superar la peculiar resistencia de su adversario. En varias fases del partido pareció que el Atlético no tenía registrado en sus códigos la respuesta al embarullado sistema del Widzew, que convirtió el campo en el camarote de los hermanos Marx. Los choques se sucedieron en zonas donde se producía una densidad superlativa de jugadores. El colapso llevó a la confusión, de ahí al desorden en los dos equipos y después al partido que más convino al Widzew durante los últimos minutos del primer tiempo. Resultó asombroso que un equipo tan limitado pudiera producir las mejores ocasiones del encuentro. Las únicas, en realidad, porque el Atlético dejó inédito al portero polaco durante el primer tiempo.

Al ataque del Atlético le faltó claridad, rapidez y algunos conceptos. En general, hubo, poca participación de los jugadores con más talento. Kiko, Pantic y Caminero estuvieron espesotes, con un punto de apatía añadido, sin interés por hacer las cosas básicas: medirse con un defensa, limpiarlo y provocar situaciones de desequilibrio. Durante el primer tiempo, nadie regateó a nadie. El tiempo se fue en un trámite desganado. No se jugó por afuera, no se movieron los jugadores para confundir a sus marcadores y aclarar el tráfico, no se produjeron las conexiones habituales -Kiko con Esnádier, Kiko con Caminero, Kiko con todos- y ni tan siquiera se intentó la heroica, donde Simeone es alguien. Simeone, que ha reservado sus mejores partidos para la Copa de Europa, pasó desapercibido, sin su energía habitual. Hubo tiempo para pensar que el Atlético jugaba mal porque no sabía el resultado que le salía más conveniente.

Lo que más le convenía era la victoria, sin pensar en el futuro y en los próximos adversarios. Uno de los aspectos más notables del Atlético en los últimos meses ha sido su vena intrépida, el descaro para afrontar las situaciones desde la convicción y la falta de prejuicios. La especulación no ha figurado en el ideario rojiblanco, ni en el juego, ni en la aproximación a los partidos. Por eso resultó sorprendente su indecisión frente a un rival que pasó por todos los peldaños posibles. El Widzew salió asustado, se metió bien atrás, aguantó sin demasiados problemas el primer asalto, sacó la cabecita en los últimos minutos del primer tiempo y se ganó las mejores ocasiones en el segundo ante la sorpresa de la hinchada local. Finalmente el partido tuvo un protagonista inopinado. Molina, que estaba destinado a tomar el aire, fue el mejor de su equipo con tres intervenciones estupendas en el segundo tiempo.

Citko fue el mejor del Widzew. En un equipo de recursos limitados, Citko remitió a la vieja escuela polaca. Un jugador directo, rápido y habilidoso que generó problemas en cada una de sus apariciones. Citko fue el primero en animarse y poco a poco lo hicieron los demás. Se animaron porque el Atlético lo permitió. El Atlético estuvo en plan pusilánime durante casi toda la noche. Y además se metió en problemas. Después de sufrir varias sacudidas en el comienzo del segundo tiempo -tres veces llegó entonces el equipo polaco frente a Molina-, el Atlético se encontró con una amonestación a Kiko que le impedirá jugar el primer partido de los cuartos de final. Casi todas eran malas noticias: el juego, las tarjetas, el desencanto que producía un equipo que había pasado con autoridad durante toda la primera ronda de la Copa de Europa. Pero el Atlético siempre se guarda la última. Tiene a Pantic para los tiros libres. Pantic rescató al Atlético de un partido que se iba para el empate. La falta, el tiro y el gol. Como tantas otras veces, Pantic hizo su trabajo de especialista. Fuera de eso, el Atlético pasó de puntillas por el partido. Ni rastro del equipo que ha provocado tanta admiración en su retorno a la Copa de Europa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de diciembre de 1996