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Tribuna:

Obispos

Es una pena que, de entre todos los obispos, sólo Díaz Merchán parezca tener una cabeza justa y tolerante. Los demás han hecho gala de un inmenso descaro al insistir en lo de la ostentación de la boda de Cascos. El tal Cascos matrimonió en plan bodorrio fino, con el fasto habitual de los conservadores de su istentación de la boda de l tal Cascos matrimonió en el plan dodorrio fino, con el fasto habitual de los conservadores de su especie; él con su vida y con laimagen que quiera ofrecer ante el país. Pero son precisamente los obispos, esto es, la Iglesia institucional (no confundir con los creyentes, por favor), quienes no pueden decir "ésta es mi excomunión" respecto al que ellos son los máximos res del postín conyugal. Cuántas bodas opulentas se celebran al mes en las iglesias sin que sus eminencicias digan nada: antes al contario, participan los primeros, ataviados de sotas de copas con sus casullas de alamares rutilantes. Como sucedió hace cuatro días en días en la lujosa boda del torero Ponce, que contó con la colaboración estelar de un arzobispo. Y con esto no quiero criticar a Ponce, sino a esos señores que cuando lo hablan de ostentación están hablando en realidad de privilegios: se resisten a perder la exclusiva de los bodorrios porque son un símbolo de su poder político. Vista la pataleta de los prelados, parece evidente que creyeron que con el PP podrían volver a ser los reyes del mambo, sin advertir que los países democráticos ya no son así, que por fortuna hay una separación real entre la Iglesia y el Estado, y que España ha avanzado tanto en su modernización, su pluralidad y su tolerancia que ni siquiera nuestra derecha política tiene un comportamiento tan antediluviano. Esa tolerancia la que han traicionado obispos: grave error que puede levantar un huracán anticlerical que hay que respetar para ser respetados. Que se atengan a las consecuencias: la baraja de la convivencia la han roto ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 29 de octubre de 1996