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Tribuna:

Protejamos a Ronaldo

La descomunal actuación de Ronaldo frente al Valencia ha cerrado un debate y ha abierto otro. Se terminó la discusión sobre la cuota de su talento -es un futbolista que se encamina a marcar una época- y ahora se indaga sobre la naturaleza de sus cualidades. A primera vista se trata del futbolista biónico, un personaje futurista que dispone de la desconocida capacidad de atravesar los cuerpos sólidos como si fueran gaseosos. Así penetra entre las defensas que sé suponen adiestradas para detener a gente como Ronaldo. Nunca hasta ahora se ha conocido un delantero que tenga la potencia de Ben Johnson, el equilibrio funambulista de Pelé y la serenidad de Romario en el área, donde es cirujano. La suma de todas las partes produce un jugador imparable. O eso parece.Casi admitida la condición sobrenatural de Ronaldo, el fútbol español ha entrado en una fase de perplejidad. Por un lado celebra la aparición de un futbolista que provoca una admiración unánime. Todos somos ronaldistas, incluso en Chamberí. Sus goles, sus carreras imposibles, su actitud incontaminada de amaneramiento y arrogancia, nos hace festejar el fútbol como el juego que es.

Puesto que la imaginación colectiva le ha convertido en un personaje sacado de la viñeta de un cómic -Superman con capa azulgrana-, comienza la búsqueda de la kriptonita que debilite los poderes de Ronaldo. Se discute ahora sobre la dificil posibilidad de encontrar un antídoto al delantero brasileño. Pero no hay antídoto contra talentos de esta clase. Pele gastó veinte años en el fútbol, marcó 1.300 goles y dejó a sus marcadores sin respuestas. Lo mismo con Di Stefano, hasta el punto de que todavía nos acordamos de aquel Magriñan que un día se atrevió a secarle. O con Maradona, a pesar de las lesiones y de su desprecio por la salud.

En la búsqueda de fórmulas que desvirtúen los poderes de Ronaldo, se corre el riesgo de animar a la trampa y quizá a la brutalidad. Hubo una época en la que varios jugadores de gran clase -Clemente, Bustillo y Amancio- tuvieron que abandonar el fútbol por su desprotección frente a los cazadores de tibias. Y en el recuerdo están las gravisimas lesiones que sufrieron Schuster y Maradona. Afortunadamente, el campeonato español ha sido limpio y respetuoso con sus estrellas en las últimas temporadas. Y así es necesario que siga. Por ejemplo, amparando a Ronaldo contra cualquier tentación de buscarle un antídoto violento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 29 de octubre de 1996