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TRIBUNA

Todo en orden: marcó Julen

Era imprescindible, necesario. Casi innegociable. La Liga española ha tocado el cielo con los Ronaldo, Mijatovic y compañía. Sentado en las nubes anda el campeonato. Pero, sin los goles de Guerrero, estaba huérfano. La fiebre del fútbol le señala a él, como señala a Raúl, a Kiko y Alfonso, con el dedo acusador. Guerrero es culpable del virus, del contagio. Del espectáculo, de la emoción, de los campos llenos. 827 minutos estuvo Julen sin marcar. Cinco meses de sequía, de gesto mustio, descorazonadores. El sábado firmó su gol número 51 en Primera. El sábado cualquier amante del fútbol no pudo por menos que felicitarse. Gol de Julen. Todo vuelve a la normalidad.Adiós a los fantasmas. Fue una jornada enemiga de las rachas. El Barcelona logró la mayor goleada del campeonato; el Extremadura, su primera victoria; el Madrid abandonó su imbatibilidad en el césped del Bernabéu; Guerrero abofeteó al fantasma que desde mayo le acompañaba; su compañero Valencia supo de la felicidad que supone no encajar un gol; y el Hércules salió indemne, aunque a medias, siete jornadas después. Lo que no cambia es la nacionalidad de quienes firman los goles. El 70% de los conseguidos llevaron rúbrica extranjera.

"Sólo" ha ganado una Recopa. La lista de los entrenadores que divisan el patíbulo crece por momentos. En ella están Aragonés, aunque parezca mentira, Carcelén, Vázquez, Brizc... Y en ella está también Víctor Fernández. Y lo estaba antes de que el Zaragoza permitiera al Extremadura romper su desoladora virginidad. El próximo martes, el Madrid puede acabar de apretar la soga que Solans y compañía han puesto en el cuello de un técnico que, a sus 35 años, podría presumir de ser el que más tiempo lleva en el mismo banquillo: siete años. Pero no presumirá. Ortuondo, su colega del Extremadura, definió la situación con una frase antológica: "Es lógico que le quieran cesar, sólo ha ganado una Recopa".

"Yo jugué contra Ronaldo". Acabará algún rival pidiéndole autógrafos. O invitándole a comer, a cenar, a lo que él quiera. Ayer la admiración de Manel hacia Ronaldo se antojó excesiva. Saltó el goleador del Logroñés, al césped y a por el brasileño del Barça que se fue. Quería hacerse una foto con él. Y se la hizo. Qué felicidad. Tal vez dentro de unos años Manel enseñe la instantánea a sus hijos. "Yo jugué contra el mejor jugador del mundo", les dirá. Y quizá éstos le pregunten: "¿Y cuál fue el resultado?". ¡Qué bochorno, papi!

El espectáculo de César Gómez. Hasta hoy ha sido el único futbolista capaz de detener a Ronaldo, aunque fuera a empujones. Lo hizo en el Barça-Tenerife de hace unas semanas. Dijo César Gómez que la clave de su éxito residía en la oración. Quizá Dulce, jugador del Logroñés, debió seguir su consejo. Porque le fue fatal. Claro que tampoco César Gómez se cubrió de gloria en San Mamés. Porque le tocó jugar al fútbol, a secas, sin soplarle a nadie en el cogote. Debió rezar. El hombre quiso participar del espectáculo de la Liga. Y a fe que lo consiguió. Nunca se vio un taconazo tan torpe, tan fuera de lugar, tan poco agraciado. A la vera del área le dio a César Gómez por lucirse, y el que se lució, agradecido, fue Etxeberría, que aprovechó el regalo para hacer el primer gol del Athletic.

Bajo la mirada de Puskas. Salió por el túnel de vestuarios y recibió la atronadora ovación del madridismo. Muchos de los 8.000 fieles que acudieron al Bernabéu nunca le vieron jugar. Pero la memoria de los privilegiados que sí lo hicieron se coló en su pierna izquierda para golpear la bola en el saque de honor. Fue un toque dulce, suave, impropio de él. El máximo goleador de la historia del fútbol contempló luego, desde el palco del Bernabéu, la exhibición de su Real Madrid. Y su mirada atrapó a Suker y a Mijatovic, que fueron Puskas por un día. Que fueron gol, fútbol. Que fueron reyes bajo la emocionada mirada del rey.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de octubre de 1996