Major llama a la unidad a los 'tories' y promete una quinta victoria electoral consecutiva

John Major, primer ministro británico y líder del Partido Conservador, cerró ayer el úItimo congreso tory antes de las cruciales elecciones generales previstas para la próxima primavera con una llamada a la unidad y una promesa de triunfo. "El laborista es el partido del Estado y nosotros somos el partido de la nación", dijo Major, "y vamos a ganar las próximas elecciones". La audiencia aplaudió largamente un discurso modesto en el que el primer ministro criticó el mesianismo del líder laborista, Tony Blair, para ofrecer a cambio el viejo evangelio tory. Liberalismo económico, menos Estado y más iniciativa privada, escuelas selectivas, rigor contra el fraude a la Seguridad Social, pero también más dinero para la sanidad pública.

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Fue una intervención realista, de escasos vuelos retóricos, aunque esto último sea, probablemente, más de agradecer que de lamentar. Major comenzó con brío y hasta con humor -"Nací durante la guerra. Mi padre tenía 66 años, así es que mi madre fue la primera sorprendida", dijo- el que puede ser su último discurso ante un congreso como jefe de los tories y del Gobierno de la nación. Algunos agoreros recordaban ayer que fue precisamente en Bournemouth, en el otoño de 1990, cuando Margaret Thatcher se dirigió por última vez a los delegados conservadores en vísperas de su defenestración a manos del propio partido.Quizá para marcar mejor las distancias con Tony Blair, el líder laborista, que ofreció la semana pasada una nueva visión del Reino Unido, tachada de visionaria y evangélica por los tories, Major se limitó en su intervención a enunciar aspectos muy concretos del programa conservador con vistas a un nuevo mandato. Frente, a quienes acusan a los conservadores de haber descuidado la sanidad pública, Major se presentó como un ardiente defensor del Servicio Nacional de Salud, un monstruo devorador de presupuestos, en permanente declive, en el que prometió invertir, "cada año más y más". En el capítulo fiscal -tema esencial de estas elecciones- ofreció cautelosos recortes en la retenciones salariales y, a medio plazo, la eliminación de las cargas fiscales sobre herencias y beneficios empresariales, con objeto, dijo el primer ministro, de estimular la creación de empleo.

El tema europeo quedó apenas esbozado de acuerdo con el guión redactado por los tories en abril pasado: sí a la Europa de naciones, no a una Europa federal. Un no rotundo también a las normativas "proteccionistas" recogidas en el Capítulo Social Europeo. Y en cuanto a la cuestión de la moneda única, posponer cualquier decisión hasta después de ganar las elecciones. El primer ministro buscó, no obstante, el aplauso fácil al declarar ante un auditorio mayoritariamente euroescéptico: "Estamos en Europa para contribuir a darle forma, pero no para que nos transforme a nosotros".

Major pasó revista a los "éxitos" de 17 años de Gobiernos tories, dedicando especial atención a la economía -"somos el país con mayor crecimiento de Europa" dijo- para reclamar la confianza del electorado. Mientras el Partido Laborista es una promesa en el aire -"en el pasado lo hicieron todo mal", añadió Major-, los tories ofrecen un gasto controlado, baja inflación -aunque las últimas cifras publicadas el jueves la sitúan en un preocupante 2,9%- y un paro en descenso.

Hubo también, unas palabras para Irlanda del Norte. Major reconoció las dificultades por las que atraviesa el proceso de paz tras la reanudación de la violencia por parte del IRA, para renovar acto seguido su compromiso con la consecución de un acuerdo entre las dos comunidades.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 11 de octubre de 1996.

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