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Cien agentes y un helicóptero para echar a cinco 'okupas'

Un desalojo sin desalojados y cien agentes, ayudados desde el aire por un helicóptero, para reducir a cinco okupas que, al final, escaparon por el tejado. La situación se vivió ayer en la calle de Lavapiés (en el barrio del mismo nombre), que hasta el mediodía estuvo tomada por la Policía Nacional para echar, por orden judicial, a los okupas que desde el pasado abril vivían en el número 15.

Cinco okupas, de los diez que habitaban la casa, se parapetaron en el edificio para reivindicar la toma de inmuebles vacíos y simularon permanecer encerrados como hacen otras veces. Pero mientras los agentes les buscaban, para echarles, por los recovecos del edificio, ellos escapaban por los tejados. El desalojo del pasado viernes en el Centro David Castilla, de Estrecho, donde la policía dio porrazos a discreción, les quitó a los jóvenes las ganas de esperar a que fueran los propios agentes quienes les sacasen."Resistir no equivale a sufrir, también la burla es una forma de lucha", aseguraban, tras salir, para explicar su huida.

La decena de jóvenes que vivía en el inmueble desde la pasada Semana Santa arreglaron los pisos habitables y comenzaron a preparar una serie de actividades, sobre todo fiestas (de insumisos, de apoyo a Chiapas ... ), y algunos talleres. También instalaron un comedor popular vegetariano en lo que fue un antiguo restaurante, en la planta baja.

Ayer, a las nueve de la mañana, cerca de un centenar de personas se concentraron en la zona para apoyar a los okupas. Los agentes les alejaron de la finca y cerraron al paso y al tráfico el tramo de Lavapiés, comprendido entre las calles de San Carlos y del Calvario. Todas las tiendas echaron la persiana, a excepción de los bares.

Numerosos vecinos observaban el despliegue policial desde sus balcones e intercambiaban comentarios a grito pelado. Aprobasen o no la actitud de los okupas, lo cierto es que no tienen quéjas sobre estos meses de convivencia.

La finca, bastante destartalada y compuesta por seis buhardillas, ocho viviendas y tres bajos, tiene casi dos siglos. Según los okupas y numerosos vecinos, llevaba unos cuatro años vacía, desde que se marchó la última inquilina. Los propietarios, a través de su abogado, lo niegan, aseguran que siempre han mantenido en ella un taller particular de carpintería y que ahora van a rehabilitarla.

El área de juventud federal de IU y el Comité de Defensa de Refugiados, Asilados e Inmigrantes en España (Cornrade) apoyan a los okupas porque creen que ponen en evidencia dos problemas graves: la necesidad de viviendas, cuando hay muchas vacías, y de espacios culturales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de octubre de 1996

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