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CLÁSICA DE LOS ALPES

Jalabert supera a Induráin antes de la Dauphiné

Alex Zülle llegó a la meta de la Clásica de los Alpes 9.10 minutos después del ganador, su compañero en el ONCE Laurent Jalabert. Entre ambos, un mundo de corredores -Induráin, octavo, a 1.09 minutos- y 189 kilómetros de trabajo a través de los macizos alpinos de La Chartreuse y el Revard materializados en ocho puertos, el más largo de 10 kilómetros -Granier- y el más alto de 1480 metros -Revard-. Un trazado que sería una etapa de media montaña en el Tour. Una clásica que olió a Tour, a lo que puede ser el sexto Tour de Induráin: el Banesto y la ONCE, cara a cara, sin intermediarios. Todos acabaron satisfechos: uno por ganar y el otro pensando que todo marcha bien para el Tour."Sería insostenible que en el Tour hicieran lo que han hecho hoy", dice Eusebio Unzué, director del Banesto. Zülle se lanzó con cuatro más en el kilómetro 30, bajando el col de la Cluze. Luego se quedó solo -"estaba fuerte e intentaba ganar" dice su compañero Iñigo Cuesta, que terminó tercero- y obligó al Banesto a ponerse al frente del pelotón imprimiendo su querido ritmo de mantener la situación hasta que llegara el momento. Cuando Zülle se desfondó, al pie del penúltimo puerto, Plainpalais, la selección ya estaba hecha: no más de 15 corredores se jugarían el triunfo. Tres onces y un banesto. Atacó Cuesta por dos veces y por dos veces aceleró Induráin detrás, minimizando el grupo poderosamente. A la tercera se fue Jalabert, ya con el permiso de Induráin, al que se unirían después Leblanc y Cuesta. 33 segundos en la última cuesta. Luego, descenso sin parar. "El equipo ha funcionado muy bien", dice Unzue. "Ha controlado en todo momento la carrera. No creo que a la ONCE le sea rentable hacer esto en el Tour: para ganar una etapa hacer que uno de sus líderes pierda más de nueve minutos". Sáiz también daba por bueno el trabajo. "Lo de Zülle no estaba planificado, pero una vez que se metió en el grupo escapado no íbamos a decirle que parara. Claro que esto no será lo que pase en el Tour", dice. "He ganado para premiar de alguna forma el trabajo de todo el equipo", termina Jalabert.

La conclusión más unánime de Rominger y Berzin los grandes derrotados del quinto Tour de Induráin fue: si se quiere derrotar a Induráin hay que hacer lo que él, evitar dentro de lo posible el enfrentamiento directo con los otros grandes y buscar el golpe de pedal ideal.

Los actores, a escena

Sin embargo, a penas cuatro semanas del comienzo de la grande boucle, todos los caminos no han tenido más remedio que confluir en los Alpes franceses: hoy comienza la Dauphiné Libéré. En el prólogo de Megeve (5,7 kilómetros) se darán cita siete de los nueve primeros del Tour 95, los que se supone protagonistas del Tour 96: Induráin, Jalabert, Riis, Rominger, Mauri, Escartín y Virenque. Para completar el pleno sólo faltarán Zülle (ha preferido la Volta a Catalunya) y Gotti, que corre el Giro junto a Olano, Berzin, Tonkov y Ugrumov.La Dauphiné, que concluye el domingo, será, además, la última carrera que previsiblemente disputen antes del Tour, Induráin y Rominger. Será, así, y ese carácter es el que han buscado los organizadores, una versión reducida, un ensayo general con todos los actores, del Tour. Será una carrera para que los propios corredores y los analistas de las casas apostadoras empiecen a sacar conclusiones de cada detalle, sobre todo de los tiempos de diferencia de la contrarreloj del viernes (43 kilómetros), una prueba que Jalabert, por ejemplo, consideraría un éxito si sólo perdiera 1,30 minutos con respecto a Induráin. Y también de las dos etapas de montaña, una, la del jueves, con final en lo alto del Mont Ventoux, y otra, el sábado, con Allos, Vars e Izoard. Toda una etapa Tour.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de junio de 1996