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Cipollini gana una etapa inventada por Chiappucci

Claudio Chiappucci, el Diablo, es un inventor genial. "Tengo ganas de hacer una diablura", llevaba días anunciando el veterano ciclista italiano. Y para dolor de piernas del joven líder, Davide Rebellin, y de su equipo, el Polti, Chiappucci decidió ser el diablo en una etapa que todos querían se disputara bajo los cánones previstos: siesta bajo el calor de la región napolitana durante una etapa muy corta y muy llana para alcanzar un final lanzado a mayor gloria de Cipollini.Se cumplió el final de las previsiones, pero no el agradable paseo previo: la etapa se corrió a casi 44 de media, mérito tanto de Chiapucci, que desbarató la tranquilidad escapándose en el kilómetros 90 junto a Noé y Safigari, como del Polti, que empezó a saber qué es eso de asumir la responsabilidad de. un liderato. Detrás de la locomotora. del equipo de Rebellin, todos se frotaban las manos y, en su interior, se felicitaban por la iniciativa del Diablo, que llegó a ser líder virtual a 20 kilómetros de la meta. Los equipos con sprinters -Saeco y Amore e Vita-, porque el Polti les quitaba el trabajo de las manos; los que aspiran a la general -el Gewiss de Berzin, el Roslotto de Ugrumov, el Mapei de Olano y el Panaria de Tonkov- porque la faena extra de Rebellin en un día que debía ser de recuperación es una carga física y psicológica que debería acabar pagando el Polti en días de más enjundia.

Olano marchó tranquilo, pese -al nerviosismo que se desató en el pelotón en los últimos kilómetros de callejeo y pavés. Tampoco la etapa de ayer podía ayudar a resolver el enigma: ¿los segundos perdidos el sábado en Monte Sirino fueron fruto de un mal día, dieron la idea de su verdadero nivel en este Giro o fueron un juego táctico para quitarse la etiqueta de favorito?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de mayo de 1996