El incendiario de Móstoles se hacia pasar por testigo de sus delitos

Antonio S. P., de 19 años, además de ser un presunto incendiario, tenía ansias de protagonismo. Tras prender fuego a cuatro naves industriales de los polígonos Arroyomolinos y La Fuensanta, en Móstoles (199.400 habitantes), al menos en dos ocasiones avisó a los bomberos y después concedió entrevistas a una emisora local de radio haciéndose pasar por testigo de lo ocurrido. El detenido casi saltó a la fama como la persona que siempre estaba "de manera casual" en las cercanías de los siniestros y presenciaba "la huida de unos jóvenes". Esta omnipresencia y las detalladas descripciones de las naves incendiadas que Antonio aportaba en las entrevistas telefónicas alertó a la Brigada Provincial de la Policía Científica. El hecho de que todos los almacenes estuviesen próximos arrojó luz sobre la forma de operar del incendiario: "Practicaba un butrón en la pared medianera de una nave desocupada y borraba las posibles pistas de los robos con fuego", dice el informe policial.

El último incendio se produjo en la madrugada del pasado miércoles, en un almacén con 10.000 libros que quedaron calcinados. El coste de los daños superó los 100 millones de pesetas. Sin embargo, la aventura del presunto pirómano finalizó el jueves cuando fue detenido mientras se dirigía a recibir clases de jardinería. Entre sus apuntes de ecología los agentes hallaron varios recortes de periódico sobre los incendios. En la casa de Antonio la policía también descubrió material robado en las naves, como dos calculadoras, una ganzúa y documentos. Con todo, Antonio no fue el único protagonista de la ola de incendios en Móstoles, ya que tres menores de 15 y 13 años comparecieron en comisaría como presuntos compinches del detenido.

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