EL QUIRÓFANO

Cuchara de madera
Europa, pero menos. Europa sí, porque La Coruña y Zaragoza son Europa, pero sólo por eso. El partido no tuvo ningún aire de competición europea, ni siquiera de Copa, ni de Liga española. Pareció una final de consolación del Teresa Herrera, con la cortesía incluida de dejar ganar al de casa. Los dos equipos han conocido tiempos mejores. Y no muy lejanos.
El peor. Malo por malo, el Zaragoza fue el peor de los dos. Echado atrás, sin otra idea que dejar libre a Villarroya en la esperanza de que el Deportivo le buscara y sus llegadas fueran inútiles. Aparte de eso, sólo miedo, desconexión, falta de interés. Los hilos invisibles que unían a este equipo han desaparecido sin explicación aparente. Se ganó la cuchara de madera.
David. Redimió al fútbol con su gol. Una oportunidad, un gol. Una arrancada oportuna, velocidad para escapar de Cáceres y Belsué y talento para hacer ante Belman lo que Zamorano no supo hacer el miércoles ante Peruzzi. Sin ánimo de pecar de exceso de optimismo, aquí hay jugador.
Deserción general. Higuera, Poyet, Aragón, Fran, Djukic, Txiki... y unos cuantos más. Había futbolistas buenos sobre el campo, algunos hasta muy buenos, pero desertaron.
Menudo pelmazo. Lo que le faltaba a este partido era el árbitro, Gerd Grabher, austriaco. Pito; 52 faltas. Terminó de hacer malo y espeso un partido que ya venía con esas tendencias.


























































