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TRIBUNA

AI borde de la histeria

El coraje. Eso salvó al Madrid. Un impulso que en esta ocasión nacía más que nunca de la necesidad. Una persistencia en el esfuerzo que ayer tuvo tanto más mérito, a partir del 0-2, que podría haber puesto al equipo al borde de la histeria.Una defensa. La del Madrid. Otra vez dio facilidades. En los dos goles pudimos ver a uno de los laterales metido en el centro y en serios apuros. En el primero, Lasa metió el pie como pudo en una jugada de grave peligro, y luego todo salió mal. En el segundo, fue llamativo ver a Quique en el centro del área, más solo que Custer, rodeado de tres atacantes.

Otra defensa. La del Zaragoza, peor aún. El Zaragoza jugó a taparse y fue incapaz. Cualquier globo suelto sobre su área podía provocar un remate contra su portería. Su inseguridad mantuvo vivo al Madrid.

Los Invisibles. El grado de desgracia del Madrid en jugadas puntuales ya es llamativo. Se diría que cada equipo contrario se refuerza con dos, o tres hombres invisibles, que desvían el balón cuando va a entrar despistan al delantero cuando va a rematar o' dan conversación inoportuna a los centrales..

Los principales. Redondo, bien. La desaparición de Laudrup y compañía le ha elevado a la condición de figura de un equipo flojo. Rincón, mal. El Madrid mejoró cuándo se fue Raúl, sobrecargado de trabajo y responsabilidad, pero bien. Zamorano y Esnáider mandaron al limbo goles que le hubieran hecho mucha falta a su equipo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de enero de 1996