Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
REPORTAJE

El estilo Mendoza

El que será hoy ex presidente del Madrid recrea en su despedida sus grandes operaciones, desde su primera comida con Hugo Sánchez hasta una cita en París con Michael Laudrup

Ramón Mendoza será hoy ex presidente del Real Madrid y cederá el palco por una localidad de abono en calidad de socio ilustre. Atrás quedan casi once años de mandato, el más longevo desde Bernabéu, 27 títulos oficiales entre el fútbol y el baloncesto y una forma de hacer las cosas, un estilo, un sello personal, un personalismo teñido de presidencialismo que amenaza con ser engullido por una crisis que tiende a contaminar el lenguaje del fútbol por la semántica de la política. Mendoza será sustituido por un presidente en funciones mientras el debate adopta sinónimos tales como junta de salvación, candidatos de la oposición, pactos electorales o se recrea en aspectos formales de la asamblea de socios convertida en un sucedáneo del Parlamento.Pero Ramón Mendoza habrá sido, como presidente, una mezcla de estilos. Guarda en su conducta cierta imitación a Bernabéu; primero porque actúa como su verdadero sucesor y luego porque tiene una visión particular del fútbol, un gusto personal por el gran jugador, el olfato propio del aficionado con muchas horas de vuelo. Ramón Mendoza es contemporáneo de un fútbol europeo que ha cambiado sus modos y costumbres, repleto de magnates, algunos de ellos con ambiciones políticas, y de jugadores que se sienten propietarios de su destino y manejan sin complejos el vocabulario de los hombres de empresa.

Mendoza se va. Parte de su gestión será objeto de análisis entre expertos contables. Y otra parte, aquella que afecta a su estilo como gestor de un equipo de fútbol, quedará en el olvido colgada de una etiqueta: Mendoza fue culpable de despilfarro.

Unas horas antes de poner punto final a su mandato, Mendoza accedió a comentar aquella parte de su presidencia en la que fue tan presidencialista como Bernabéu y trató de ser tan rico como Agnelli, el dueño de la FIAT y del Juventus. Cuentan que Agnelli viajaba en el yate Fortuna por aguas de Mallorca cuando divisó una preciosa embarcación. "Es el América de Mendoza", le comentó el rey Juan Carlos, a lo que Agnelli contestó: "Lo que me interesa de Mendoza no es el América sino Butragueño". Es el Mendoza que acordaba citas en París con Laudrup o Schuster, el presidente que intercambiaba jugadores con Berlusconi. Era el presidente de los golpes de efecto para desconcierto de sus directivos, que se enteraban de los grandes fichajes por los periódicos. "Yo he sido directivo de Bernabéu y me enteré un día del fichaje de Stielike porque me dijeron que a las seis de la tarde de ese día había una rueda de prensa para presentar a un jugador. Los tiempos han cambiado mucho en ese sentido". Sus hipotéticos sucesores hablan hoy de gestión, de créditos, de activos patrimoniales. Los tiempos han cambiado. Quién sabe si también un estilo de ser presidente.

Hugo: el miedo de Vicente Calderón

"A Hugo Sánchez lo fiché en abril de 1985 cuando ya sabía que iba a ser presidente. Contacté con él y lo traje a mi casa. Es tuvimos comiendo con su mujer y su hijo Huguito de once meses que lo trajo en un cochecito. Conseguí quitarle la idea de fichar por el Barcelona. Iba a ganar 47 millones al año y, además, aportaba un contrato con Televisa, que pretendía retransmitir todos los partidos para México, de tal manera que dos terceras par tes de ese contrato eran para el Madrid y el resto para él. Así que era un fichaje baratísimo. Después de aquella conversación inicié mis contactos con Vicente Calderón, que era todo un caballero. Él ya sabia que yo tenía interés en este fichaje cuando coincidimos en un viaje de fin de año a Santo Domingo. Allí me confesó que prefería traspasarlo al Barcelona por miedo, porque no iba a estar bien visto su fichaje por el Madrid. A Hugo le quedaba un año de contrato con el Atlético y estaba dispuesto a no jugar ese año, pero el Atlético, por otro lado, no podía prescindir del dinero del traspaso. Así que empecé a negociar con Vicente Calderón en una comida en el Viejo Madrid y llegamos a un acuerdo. Negociamos posterior mente a través de un banco, él en un piso y yo en otro para que nadie nos viera juntos. Me pidió como último favor que la negociación se hiciera a través de su club mexicano, el América. Tuve que traer al presidente de este club para convencerle y, posteriormente, viajar yo a México para simular que estábamos fichando a Hugo a través del club mexicano. Me parecía un goleador nato. Todo el mundo coincidía en que podía ser el goleador que necesitaba el Madrid".

Jankovic: 100.000 pesetas de regalo

"Fue una idea de Beenhakker y me puse en contacto con el presidente del Estrella Roja. La negociación fue fácil porque se trataba de una cesión con opción de compra, que luego ejecutamos rápidamente. Factor fundamental en este acuerdo fueron veinte mil duros que le di a Jankovic para que fuera de compras a El Corte Inglés".

Schuster: cita en París

"Fue un fichaje rocambolesco. Yo necesitaba un contacto para hablar con él, porque era un jugador que me gustaba y que estaba maltratado en el Barcelona, poco menos que castigado a no jugar durante un año. Se estaba pudriendo en el banquillo. Ese contacto fue un periodista de Antena 3 Radio que no era García. A través de: él cité a Schuster en un restaurante de París para hablar. Fue en el mes de febrero. Tenía reservada una mesa para dos y terminamos siendo tres porque vino acompañado de Gaby, su mujer. Negociaba con Schuster y esperaba la conformidad de la mujer. Negociamos un contrato de tres años; como venía libre, hubo que darle dinero para él como compensación por su carta de libertad. La negociación fue sencilla porque en su cabeza anidaba un resentimiento contra el Barcelona, que aproveché. Este fichaje no lo compartí con nadie, excepto con Beenhakker, que le pareció bien. Me hubiera quedado una pequeña posibilidad de romper el fichaje si Beenhakker me hubiera convencido de que Schuster no encajaba en el Madrid, pero eso no sucedió".

De Barnes a Hagi pasando por Valdo

"No pensé nunca en Hagi, pero la marcha de Schuster y Martín Vázquez nos dejaba el equipo descompensado. Mi idea era fichar a un jugador maravilloso que había en el Liverpool que se llamaba John Barnes. Hablé con el presidente del Liverpool y no hubo manera de llegar a un acuerdo. Yo quise traer al brasileño Valdo, que jugaba en el Benfica; perdí 25 días en esa negociación. Se nos echaba el tiempo encima y Hagi era una opción más. Así que me largué a hablar con el presidente de la federación rumana. Viajé a Rumania en una avioneta con la revolución en marcha. Hice escala en Belgrado, donde hablé de nuevo con el presidente del Estrella Roja, con el que traté por primera vez de Prosinecki, que era ya una obsesión mía. Pero resultaba imposible. Llegué a Bucarest y me reuní con Hagi y con seis personas más. Hagi era un ídolo allí, había sido el jugador preferido de Ceaucescu y no sabía nada de Europa Occidental y de lo que era la peseta. Fue una negociación complicada que luego rematé a los diez días en Bruselas aprovechando un partido Bélgica-Rumania. Allí le fiché en un hotel y ellos me ofrecieron, de paso, el fichaje de Raducioiu que no pude aceptar en ese momento".

Milla: acuerdo inmediato

"Fue una idea de Ramón Martínez, que lo había conocido durante su estancia en el Barcelona. Cruyff le estaba apretando mucho. No tuvo ninguna dificultad: él vino a Madrid y llegamos enseguida a un acuerdo".

Spasic por Ruggeri

"Después del Mundial de Italia estaba veraneando en la costa yugoslava. Me llamaron Ramón Martínez y Di Stéfano, que habían visto a un defensa que les gustaba mucho. Nosotros teníamos a Ruggeri, que tenía ciertos problemas en un pie, a conse- cuencia de un cristal de ácido úrico. Se piensa que no interesa y que la solución era fichar a Spasic. Yo estaba en el barco cerca de la frontera con Albania y me fui a hablar por teléfono con el presidente del Partizán. Quedé con él a los ocho días y realizamos el fichaje".

El maratón Prosinecki

"Fue un maratón y el fichaje con el que yo me he gastado más en el fútbol mundial. Conseguí cambiar la legislación de la FIFA para que permitieran la salida de jugadores menores de 23 años. Eso dio lugar a que luego abandonaran Yugoslavia muchos otros. Tardé mucho tiempo y conté con la colaboración total de Francisco Fernández Ordoñez, por entonces ministro de Asuntos Exteriores, que hizo un acercamiento con su colega de Exteriores yugoslavo, un hombre que era socio del Estrella Roja. Logré contactar con el jugador en Viena, junto al presidente del Estrella Roja y su padre. Allí firmé el contrato con Prosinecki. Recuerdo que Miljanic trató en todo momento de entorpecer el acuerdo y que, en un momento dado, apareció el Milan. Tuve que llegar a un compromiso con Berlusconi en su casa: yo le dejaba a él a Boban y él me permitía seguir con Prosinecki. Habíamos tenido la posibilidad de adquirir los servicios de Savicevic, pero era ya entonces un jugador intermitente. Estaba convencido de que el futuro pasaba por Prosinecki".

Martín Vázquez por Prosinecki

"Fue una torpeza. No porque segundas partes sean buenas o malas. Yo le he tenido siempre afecto, pero él siempre tenía problemas de piel conmigo. Fue una testarudez de Benito Floro. Me dijo: 'presidente, para que este equipo funcione del todo, la guinda es Martín Vázquez'. Entonces, me fui a un balneario italiano donde Bernard Tapie se sometía a una cura de adelgazamiento. Me fui, entre otras cosas, porque contemplaba en esos momentos traspasar a Prosinecki al Marsella. Cual no sería mi sorpresa cuando Tapie estaba dispuesto a traspasarme a Martín Vázquez y me ofrecía además a Sauzee. Yo quería colocar a Prosinecki por 700 millones. Tapie vino a verle a Valencia, pero ya entonces se rumoreaba mucho con sus problemas de lesiones y no se atrevió".

Caballero Laudrup

"Tuve la suerte de que un amigo de Barcelona me comentara que Laudrup estaba muy descontento con la tardanza del Barcelona en renovarle, y que ese amigo me hiciera la gestión de establecer una cita en París. Él venía de un viaje con la selección de Dinamarca y quedamos en un hotel cercano al aeropuerto. Allí negociamos y fue la negociación más correcta que he tenido en mi vida. Llegamos a un acuerdo de caballeros sin ningún papel de por medio porque él me dijo que hasta el 30 de junio, que terminaba su contrato con el Barcelona, no quería firmar nada. 'Mi palabra es mi palabra, usted la cree o no la cree'. Y así fue. La conversación duró dos horas. Y yo estaba tranquilo en el mes de junio a pesar de que no habíamos firmado nada. El 2 de julio, él vino a Madrid, firmó y se presentó. "

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de noviembre de 1995