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Tribuna:

Sopla con el SEPLA

El sindicato de pilotos SEPLA viene poniendo patas arriba los planes de vida y viaje de los sufridos clientes de Iberia Líneas Aéreas de España. Sin ir más lejos, ayer no pude yo dar mi clase de historia del pensamiento económico, por haber tenido que acoplar un viaje a los "servicios mínimos" consentidos por el sindicato huelguístico, en su inmensa benevolencia. Al coincidir la huelga en Iberia con otro conflicto laboral en su filial Aviaco, los viajeros estaríamos del todo fastidiados,si no fuera porque, gracias a las reglas de la Unión Europea (no me duelen prendas), podemos en última instancia volar con la competencia.Pero, ¿cuál es la historia del pensamiento de estas huelgas? Separemos el conflicto de Iberia del de Aviaco. Esta última lleva algunos años obteniendo beneficios y sus trabajadores de tierra y aire no entienden por qué es necesario ahora un plan de ajuste. Creo que entrarán en razón cuando entiendan la dificultad de financiar los 15 o más aviones nuevos a unos 22.000 millones de pesetas de media que Aviaco necesita comprar o alquilar en leasing. El personal de tierra de Iberia, en cambio, no apoya a los pilotos, porque esta huelga no favorece ni a la compañía ni a sus empleados. Iberia lleva perdidos 60.000 pasajes por este conflicto industrial, justo en el momento en que, gracias al plan de ajuste, había obtenido a octubre de 1995 unos resultados de explotación de 31.700 millones, el quíntuple de los del mismo período del año pasado y más del doble. de lo previsto en el plan.

El SEPLA dice haber convocado la huelga porque la Comunidad Europea está tardando en dar permiso al Gobierno español para que invierta cientos de miles de millones de pesetas en recapitalizar la compañía. No les digo cómo tiemblan los burócratas de Bruselas ante el SEPLA... Intuyo que es otra la razón de la huelga de los pilotos. En el mencionado plan de ajuste, los pilotos habían accedido a descontar este año 18 días de sus haberes, por un total de 800 millones de pesetas. Sus representantes pidieron que tal cantidad se les dedujera de las pagas extraordinarias. Los pilotos no notaron pues el ajuste salarial lista junio, en que la paga extra de cada uno de ellos vino reducida en medio millón de pesetas: enfado general y huelga al canto.

Los pilotos de Iberia viven en el dulce ayer. Mientras el personal de tierra tiene sus sueldos congelados desde 1992 y además ha aceptado una reducción adicional en 1995 y 1996 de un 8,5% a un 15% en esos haberes encogidos por la inflación, los pilotos vuelan una media de 400 horas al año y tienen garantizado el pago de 500, aunque no las hagan. Comparen ustedes este cómodo servicio con el de los pilotos de Air Europa o Spanair (la competencia), que se anotan medias anuales de unas 850 horas, cerca del máximo legal de 900. Un piloto es un activo de capital caro de contratar y mantener al día, y la compañía tiene que utilizarlo al máximo, si quiere superar a sus competidores.

La palabra clave es competencia. Cuando reina la competencia, los sindicatos vuelven a su justo papel, que es el de contribuir a la máxima productividad de la empresa, haciendo que la dirección optimice el rendimiento de una mano de obra capaz y bien remunerada. Los sindicatos españoles han basado hasta ahora su estrategia en disputar la dirección a las grandes empresas protegidas o privilegiadas, fuesen éstas del Estado, o bancarias. Hoy en día, los sindicalistas que aprieten inmisericordes el cuello de una empresa competitiva sólo consiguen poner en peligro los puestos de trabajo de sus compañeros.

El público no sabe que el Ministerio de Industria no pretende que Bruselas refinancie a Iberia, sino que dé permiso para que soltemos la tela los contribuyentes españoles. La Comunidad debería hacemos el favor de prohibir del todo esa ayuda pública, mientras permite a Francia que financie tontamente a los sindicatos de Air France, o Alemania a los de Lufthansa. Así al menos aprendería el SEPLA que el que sopla no sorbe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de noviembre de 1995