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FUTBOL OCTAVA JORNADA DE LIGA

La 'vendetta' de los hermanos Salinas

Julio no olvida que Patxi le amargó las navidades en el último Deportivo-Celta

MARIO DÍAZ Los hermanos Salinas son gente de carácter, pero en el campo aún saben distinguir. Julio y Patxi desmienten la descarnada teoría de que durante un partido de fútbol no conoces ni a tu hermano. Así debe de ser para que, después de 16 enfrentamientos al máximo nivel, nadie recuerde un incidente entre ellos, un ariete peleón y un central de los que se hacen respetar. Al menos, este duelo, fraticida echa un poco de picante al Sporting-Celta, uno de los platos desaboridos de esta Liga de 22.

"Le debo una", afirma Julio recordando la jugada que le gastó su hermano hace un año, cuando el Celta cortó una racha victoriosa del Deportivo de la Coruña ganando contra pronóstico en el estadio de Riazor. Era el 21 de diciembre de, 1994: me amargó las navidades", se queja con sorna el delantero internacional del Sporting.

Ahora el fastidiado es Patxi, que vive momentos difíciles con el Celta. Salinas fue uno de los jugadores más abucheados el pasado domingo en Balaídos, tras la victoria del Atlético de Madrid, por una afición que el año pasado le consideraba fundamental, poco menos que el estandarte del equipo.

En la recta final

Julio, por contra, está como nunca. Con 33 años, en la recta final de una intensa carrera, ha ido a caer en una ciudad y en un club donde se siente apreciado. Hasta ahora, Salinas ha tenido que luchar contra su fama de patito feo en grandes clubes -Athletic, Atlético, Barcelona y Deportivo- y rodeado de estrellas. De repente, el panorama ha cambiado: la estrella es él y la afición gijoneasa no le encuentra más que virtudes.

Resignado como mínimo a la división de opiniones, le llegó al alma la ovación de los hinchas del Sporting al ser sustituido tras marcar dos goles al Racing. Por si fuese poco, aquel día tenía en las gradas de El Molinón a sus padres, acostumbrados a aparecer como una de las referencias preferidas de los hinchas más cabreados con su hijo Julio.

Patxi tiene, por tanto, motivos para estar preocupado. El Julio que se encontrará hoy ha logrado la estabilidad futbolística con el técnico Rezza es titular indiscutible y personal, ya que en Gijón ha empezado a vivir con su novia. Curiosamente, el único que le ha abandonado en estos momentos es Javier Clemente, el entrenador de la selección española, el mismo que aconsejó su salida del Deportivo para que llegase a la Eurocopa de Inglaterra en forma.

Esta tarde, como las 16 veces anteriores, durante 90 minutos se repetirá la historia: Julio hará lo posible por marcar goles y Patxi por evitarlos. Aunque como admite el delantero, este duelo entre hermanos será diferente a los anteriores porque por primera vez ambos estarán, disputando un partido entre equipos modestos. Todo un síntoma de que la saga futbolística de los Salinas llega a su fin.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de octubre de 1995